Con sólo 21 años, el asturiano es la mayor esperanza entre los aficionados al motor desde la retirada de Crivillé y su magia ha sido comparada con la de Ayrton Senna
04 mar 2003 . Actualizado a las 06:00 h.Este niño nació con el podio incorporado. Su sonrisa no se ha borrado desde el primer día en que se subió a un kart para competir en serio. Es decir, desde que tenía tres años. Fernando Alonso (Oviedo, 1981) será el Pau Gasol de la fórmula 1. Un mago español en un equipo sin posibilidades de gloria, vamos. Y, eso, a pesar de que Renault es una de las escuderías históricas en el Gran Circo. El asturiano tiene ángel. Es cierto que su palmarés le arropa. Fue el segundo piloto más joven de la historia en su debut y el primer español contratado por un campeón del mundo. Este año, será el único entre los veinte elegidos para la gloria. Pero Fernando posee algo más. Algo que llevó a los grandes magnates del automovilismo a considerarle el heredero del trono de Schumacher y de la magia de Ayrton Senna. Sólo tiene 21 años y ayer se cumplieron dos de su debut en la máxima categoría. ¿Exageración, pues? Es posible, pero sus resultados disipan la duda a su favor. Genio precoz Fernando Alonso compite desde que tiene uso de razón. Mejor dicho, desde antes de ello. Ni él mismo recuerda cuándo cogió por primera vez un volante. Su padre, José Luis, un fabricante de explosivos, sí. «Fue con dos años de edad. Yo le había fabricado un kart a medida a su hermana Lorena (hoy médico), pero quien tomó interés por la máquina fue Fernando», explica. Cuando se construyó la primera pista de karts de Oviedo, Alonso fue uno de los pioneros. Era el más pequeño. No paraban de doblarlo. Pero él aún no sabía contar. Por eso, cuando se le preguntaba cómo había quedado, siempre respondía: «Yo gané». Así que el dueño de la pista le entregaba un trofeo. Como a todos. Después de aquel episodio, Fernando aprendió a contar y a llegar el primero. Lo ganó todo. Y dio el paso definitivo para alcanzar su sueño: debutar en la fórmula 1. Antes de subirse a su monoplaza reflexionaba acerca de su pasado: «Pensé que me iba a quedar en los karts toda la vida. No estaba mal y ganaba dinero. Los pilotos más grandes ganaban diez millones al año. Y pensaba que si me iba bien podría estar hasta los 35 año». Después de volar a trescientos por hora, su modo de pensar cambió. «Es facilísimo. Esto lo conduces tú», le espetó a su padre. Se dio cuenta de que el secreto estaba en sus posibilidades. «A mí no me adelantarán los pilotos, sino los coches», se propuso.. Entonces, maduró de repente. Sin perder su carácter introvertido. (Cuando el ex piloto Adrián Campos le eligió para sustituir a Marc Gené, que se iba a la fórmula 1, en la fórmula Nissan, estuvo cuatro horas reunido con él y sólo le dijo hola y adiós ). Las cosas habían cambiado. A partir de entonces iba a competir con los más grandes. Minardi confió en él. Ya lo conocían. Tras su temporada en la fórmula Nissan se había ganado el derecho a una prueba en esta escudería y había roto todos los registros. Entonces, la falta de patrocinadores casi provocan la desaparición de Minardi. La escudería se salvó gracias al asturiano. El patrón de Renault, Flavio Briatore (descubridor de Schumacher), había comprado su pase, ganando por la mano a la todopoderosa Ferrari. Lo cedió a Minardi. Lo tuvo un año como probador para Marc Gené. Y esta temporada será el titular. El Fernando Alonso actual va paso a paso -«al podio suben Schumacher y dos más»-, ignora los piropos -«me entran por un oído y me salen por el otro»- y muestra los pies de barro del ídolo alemán: «Si se le mete en una escudería menor, no ganaría ni de casualidad. Le falta conseguir lo que logró Senna: vencer con coches malos». Renault se ha gastado 240 millones de euros y emplea a 700 personas para que Alonso vuele en su R23. No le volverá a pasar lo mismo que le sucedió cuando quiso sacarse el carné de conducir en Oviedo: «Tanto me advirtieron que no corriera que, al final, el profesor me echó la bronca por ir despacio».