El Celta derrotó por 2-0 al conjunto catalán y logró su primera victoria del 2003.
26 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.El Celta logró su primer triunfo del 2003 al vencer por dos a cero al Barcelona. Los celestes salvaron su mini-crisis y agrandaron la del conjunto catalán. El equipo vigués saltó al campo con un curioso dato en su poder. Perdiendo, no se movería del sexto puesto de la Liga y eso aún encajando su cuarta derrota consecutiva. Esa calma del panel de resultados le dio una tranquilidad de la que carecía el rival. Van Gaal, con la atenta mirada de Joan Gaspar desde el palco, no se volvió loco. Optó por un sistema tradicional de 4-4-2 con el que buscaba la consistencia defensiva. La rapidez de Saviola fue su apuesta en ataque. El argentino ensayó a los dos minutos un cambio de ritmo que dejó a Berizzo viendo su estela y poco más. Una entrada de José Ignacio, de esas que según el árbitro del día son roja o amarilla, se quedó en el color menos doloroso para el Celta y cortó la mejor jugada culé. Al conjunto vigués nunca le apetece dejarse dominar y menos cuando juega como local. Al Barça no le importaba darle el balón, pero la sensación que ofrecían los celestes era la de desconocer qué hacer con él. Jesuli y Gustavo López intercambiaban sus posiciones de derecha a izquierda con idéntico y nulo resultado. Ninguno de los dos equipos están en su mejor momento y se nota mucho, pero a los blaugrana los errores les crecen en cualquier tallo. Bonano se complicó la vida con un balón fácil ante la presión de Gustavo López, la pelota le llegó a Jesuli con una inmejorable posición para marcar, pero el palo lo evitó. Van Gaal maldecía en holandés el color amarillo de su portero y su alocado gesto sudamericano, Gaspar suspiraba angustiado. El equipo catalán es prisionero de su ansiedad. De repente, se encontró atrincherado en su parcela. Le había entrado el miedo. Acobardado se cometen errores como que un atacante defienda y cometa un penalti ingenuo, el de Saviola a Edú. La suerte de Bonano es que la maldición celeste en el punto fatídico es tan larga que no se ve el final. Gustavo López aún no había fallado este año. Le tocó a él y paró el guardameta culé. Cinco penaltis fallados en una sola vuelta parecen muchos. La moral viguesa quedó minada y el rival salió de su madriguera ante un cuadro desmoralizado por su desgracia. Un palo y un penalti seguidos. En la competencia por la desazón Xavi estrelló otro balón contra el palo de la portería de Cavallero, convertido en protagonista de varias acciones que hicieron desear a Lotina que el descanso llegase cuanto antes. Su cambio de Vagner por José Ignacio buscó algo de consistencia en el mediocampo.Esto le concedió a Luccin un poco más de tiempo para tener el balón. Guardándolo, logró llevarse a tres contrarios y dejar que Jesuli entrase con un pasillo sin rivales. En su retina debía estar aún el fallo del primer periodo. Esta vez no marró y se fue de Bonano para luego poner la pelota en la escuadra. Con el gol del Celta, el Barça se descorazonó. Dejó de creer en la posibilidad de ganar jugando bien o fruto de una individualidad. Por encima, los celestes para sembrar más pánico en un conjunto atemorizado dio entrada a Mostovoi. El «zar» regresó después de dos meses de ausencia. Su vuelta otorgó a los locales una sensación de superioridad tal, que le permitió ensayar lo imposible. Sylvinho se sacó un zambombazo desde un lateral del área que significó el «golazo» de la semana y el primer tanto del brasileño como jugador del Celta. El 2-0 era una losa demasiado pesada para los jugadores blaugrana. Otro palo de Overmars al final dejó clara la suerte esquiva de los suyos. La primera vuelta concluye con el Celta en puestos de UEFA y el Barça a 23 puntos del líder. Tan lejos, tan cerca, hasta del descenso.