El derbi se lo quedó Tristán

Fernando Hidalgo Urizar
Fernando Hidalgo A CORUÑA

DEPORTES

Una genialidad del delantero andaluz encarriló la victoria del Deportivo sobre un Celta excesivamente conformista y con escasa pegada

04 ene 2003 . Actualizado a las 06:00 h.

Catanha pudo pintar de celeste el derbi, pero cedió la brocha a Tristán que lo tiñó de blanquiazul. Una genialidad del algabeño cuando acababa la primera parte inclinó la balanza de un partido que avanzaba por la senda de la indigencia futbolística. El andaluz, que hasta ese momento se había arrastrado por el campo, salió de las cavernas y se vistió de fiesta para regalar un gol de antología, uno de esos tantos que le vuelven a dar crédito para unas cuantas jornadas y que para el Dépor supone una relanzamiento de sus opciones. Fue el premio a una ráfaga de talento y el castigo a un cierto conformismo vigués. Dépor y Celta saltaron al verde de Riazor cada uno por su lado. Como siempre, como si A Coruña y Vigo estuvieran condenadas a no darse la mano. Pitos para el Celta y vítores al Dépor. Todo según el guión, menos la habitual sorpresa de Irureta en el once. Víctor sí, Duscher, no. Todo en orden en el cuadro de Lotina y comienza el derbi, ese que todos esperábamos que fuera el de la concordia. Las ausencias de Valerón, Mostovoi y Fran fueron todo un augurio de que el talento también estaba lesionado. ¡Cielos, qué primera parte! Dépor y Celta, sobre todo el Dépor, se asemejaron a esos autos de choque de las ferias. Corren y corren, buscan un sendero libre de circulación, pero siempre acaban chocando. Una y otra vez, los blanquiazules no encontraban el camino. Amavisca se iba, se iba, se iba hasta que acaba por perderse. Como el fútbol, que ni unos ni otros lo encontraban. Pero el Celta se sentía cómodo. El sentimiento grupal de los de Lotina era superior al coruñés. Sabían lo qué hacían y el cero a cero les gustaba, confiando su suerte a las carreras y buen fútbol de Gustavo, a la brega y remate de Catanha o a una genialidad de Edú. No tenía mala pinta el asunto para los vigueses, si su objetivo era no perder. Todo cambió en segundos. Gustavo se fue por su carril y regaló un gol a Catanha que el brasileño no supo agradecer. Con toda la portería, cabeceó al aire y hundió a su equipo. En la siguiente jugada, Tristán resucitó. Con su indiferencia habitual, se escapó de Luccin, inventó el caño a Berizzo y fusiló a Cavallero. Adiós villano, hola héroe. El partido se vestía de blanquiazul. No había hecho falta fútbol, sólo el destello del Tristán bueno, el que hace esculturas con el balón. Nada más comenzar la segunda parte llegó la puntilla. Sergio, en una posición dificilísima y con la ayuda de Cavallero marcó el segundo y cerró el partido. A partir de ahí, fiesta en las gradas y fútbol cómodo para el Dépor. El Celta se difuminó del todo y sólo dio un par de sustos a un Juanmi algo despistado, mientras en las gradas se enviaban recuerdos a la clase política. Luque puso la guinda a la fiesta coruñesa. Al final, victoria justa del Dépor, que ganó por su superior calidad en la vanguardia, donde Catanha falló un gol hecho y Tristán metió uno que no existía.