Un brindis por Navidad

Rodrigo Fernández
Roi Fernández REDACCIÓN

DEPORTES

Los futbolistas españoles en clubes británicos, asombrados por las descontroladas fiestas con las que sus compañeros de equipo despiden el año

22 dic 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Lo que en España sería un sacrilegio, en el fútbol escocés es una costumbre. La Navidad se vive de otra forma en el país de las faldas y las gaitas. Los equipos se corren una vez al año una noche de juerga a lo bestia. Lo que algunos ven como una terapia de grupo, muchas veces se convierte en una incitación excesiva al consumo de alcohol. Las pintas ruedan por Glasgow, Edimburgo, pero sobre todo, por Newcastle, lugar preferido por los escoceses para beber hasta la saciedad. «Les gusta mucho la cerveza, son unos alcohólicos», bromea Nacho Novo, ferrolano del Dundee. Este año la fiesta tocó en Glasgow y mientras el resto de la plantilla se afanaba por «agarrar una buena», Novo, que aún no se ha contagiado del espíritu navideño de Escocia, prefirió empezar el día de tiendas para no acusar el cansancio al final. «Para ellos, tomarse cinco litros de cerveza no es nada», comenta el gallego, asombrado por la capacidad de recuperación de sus compañeros: «Al día siguiente entrenan como el que más, aunque apesten a alcohol». Hace un par de años por estas fechas, Francisco Quino se reunía con el resto de la plantilla del Badajoz, su último equipo en España, para cenar y celebrar las fiestas. Nada que ver con la controvertida tradición escocesa. El centrocampista, compañero de Óscar Rubio y unos cuantos españoles más -Sánchez Broto, Zárate, Camacho o Rolando- en el Livingston, ya vivió las típicas cenas. «Empezamos a las siete de la tarde del lunes y acabamos en la madrugada del martes», apunta el central Rubio, que confiesa su «flipe» tras la primera mañana: «Me levanté hecho polvo mientras algún compañero ya desayunaba con una pinta». Algún altercado En ocasiones, estos excesos enervan los ánimos. El martes pasado tres jugadores del Celtic, ninguno escocés, -el sueco Mjallby, el belga Valgaeren y el holandés Petta- pasaron la noche en comisaría por el supuesto robo de una cámara de un periodista a la salida de una disco en Newcastle. Pero Escocia no tiene la exclusividad en estas juergas. Los litros de cerveza también se prodigan por países como Inglaterra o Alemania. Un mal ejemplo de los efectos de este abuso lo representa el controvertido británico Paul Gascoigne, que acabó su brillante carrera en un centro de desintoxicación. El resto, por suerte, no suele llegar a tanto. El Raith Rovers, a pesar de que lo entrena el gaditano Antonio Calderón, tampoco es una excepción. El ex del Rayo y Mallorca llegó hace un par de años al Airdrie del ex-barcelonista Archibald y ya está adaptado. En el club de la Segunda escocesa vivió su primera fiesta. «En las juergas españolas lo normal es que dos o tres jugadores acaben por el suelo, aquí esos son los que siguen en pie al final del día», cuenta con sorna. Este año la montaron en Edimburgo, «aunque nuestro equipo es pobre». Pero da igual el presupuesto y el resultado; en Escocia siempre hay un hueco para otra pinta.