Devorado por el Saturno granate

Martiño Suárez PONTEVEDRA

DEPORTES

Milo Abelleira fue en su día otra muestra de cómo el Pontevedra, un voraz Saturno del balompié, devora a sus hijos a las primeras de cambio. Abelleira, pontevedrés e hijo de panadero, vivió en 1998 algo parecido a lo que sucedió después con Rafa Sáez o Milucho, este último hace apenas mes y medio. Milo fue, con su figura desgarbada y su melena rizada a lo Maradona, uno de los integrantes del Pontevedra de los ochenta. Participó, como Milucho, en el último ascenso granate, en 1984, y que supuso el regreso del equipo a Segunda B después de tres años en Tercera. Más de un decenio después, en 1997, con unos cuantos años y unos cuantos kilos más, Abelleira se hizo cargo del primer equipo. Era la primera temporada de Gerardo Lorenzo como presidente, y el conjunto, que llegó a soñar con ocupar una de las plazas de promoción, acabó en un discreto décimo puesto. Hacia el final de temporada, las relaciones entre Abelleira y el entonces secretario técnico granate, Pedro Ferreira, se habían enrarecido tanto que la directiva decidió prescindir de los dos, aunque se preveía la continuidad del entrenador. En mayo de 1998, a punto de finalizar la campaña, Abelleira y Lorenzo escenificaban su desencuentro con un cruce de declaraciones más que ásperas. El técnico se marchó, pero es habitual verlo casi cada domingo en Pasarón, viendo al equipo de su ciudad, al que considera el suyo, pese a todo.