¡Comienza el espectáculo!

F. S. REDACCIÓN

DEPORTES

KAI PFAFFENBACH

El entrenador del Austria de Viena criticó al ex deportivista por malgastar su talento en acciones para la galería y le recordó que su equipo no es un circo

22 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Un regatillo por aquí, un taconazo por allá, un autopase para enmarcar, un intento de lambretta... Conclusión: empate a cero entre el Austria de Viena y el Salzburgo. Djalminha, satisfecho con el jogo bonito . Y su entrenador, Christoph Daum, indignado por el resultado y por las acciones de su jugador, consideradas por él más dignas de un globetrotter que de un profesional de la competición. Ha sido el primer roce entre el técnico y el ex deportivista. Y la cosa promete. Parece que comienza el espectáculo. El brasileño se ha llevado a la capital austriaca la consigna literal de «el show debe continuar». Y vaya si continúa. Dentro y fuera del campo, claro. En la rueda de prensa posterior al referido encuentro, Daum mostró su decepción por el resultado, por una igualada en casa ante un conjunto considerado inferior. Primero ahorró piedad con su equipo, del que aseguró que tenía que mejorar en numerosos aspectos. Pero después, una pregunta inocente desató su ira. Un periodista le pidió que analizara la actuación de Djalma y recordó además que el público le había dedicado buenas dosis de aplausos para recompensar su exhibición técnica. La chispa provocó un buen incendio en el ex entrenador del Bayer Leverkusen. «El Austria de Viena es un equipo, no un circo», espetó. Ese fue el arranque de un duro discurso de Daum dirigido a la yugular futbolística de Djalminha. Porque, a continuación, añadió que sí, que mucho talento, que mucha técnica, que gran despliegue de recursos de fantasía pero que Djalma debía de encontrar un hueco en el juego colectivo para sus cualidades. Vamos, que bisutería del balompié. «Hace cosas que nunca se habían visto antes en Austria. Pero tiene que pensar en el conjunto y no sólo en el entretenimiento», insistió. No desveló si se refería al entretenimiento de los espectadores o al del jugador, desde luego, no al suyo propio. Una vez provocado el incendio, la prensa decidió avivar el fuego. El siguiente tema a tratar, el hecho de que Djalma hubiera ejecutado casi todas las faltas sin haber obtenido resultado alguno (¿contará la escuadra con mejores lanzadores?). Pues el técnico le dio de nuevo rienda suelta a sus frustraciones y señaló que el jugador «tomó decisiones arbitrariamente». Quizás Daum no ha tenido cuenta que su ingrato papel de acusador fue similar al del César que inclina el pulgar hacia abajo ignorando la opinión de los romanos sobre el gladiador en cuestión. Incluso quizás después no logre caer en la cuenta de que la cabeza del entrenador suele caer mucho antes que la del niño mimado de las masas. Porque Djalma es un encantador de balones y de aficionados. Y menos mal que el Austria lidera la tabla de la Liga, con siete puntos de ventaja sobre el segundo clasificado. Porque si los vieneses llegan a necesitar una victoria con urgencia... En medio de la tormenta del rival, el técnico del Salzburgo, escuadra que firmó la inesperada igualada y que ocupa la antepenúltima posición, aprovechó la jugada para dejar caer en las narices de su millonario rival un hiriente «el dinero no juega al fútbol». Un Los ricos también lloran a la austriaca. Lo que le faltaba al atribulado Daum. Que también le salieran con florituras fuera del terreno de juego.