El equipo de Javier Irureta cayó en Villarreal tras un penoso encuentro Los blanquiazules dilapidaron su ventaja en el marcador ante un rival superior
19 oct 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Villarreal es sólo una consecuencia lógica de lo que se vio ante el Santander. Más allá de la derrota coruñesa, el homenaje a Molina tendrá que esperar, porque el portero se merecía al menos un poco de fútbol, y no el paupérrimo espectáculo que volvió a ofrecer el equipo. Los jugadores salieron al campo con la leyenda ¡Ánimo, Molina! sobre unas camisetas blancas, y bien pueden ir preparando otras para dar moral al mediapunta del equipo. El Dépor no tiene fluidez ni hace daño porque no juega al fútbol, e Irureta sigue sin resolver el problema de una posición que ha quemado ya a Sergio y a Tristán y que amenaza con chamuscar a Víctor. A favor de éste juega su evidente capacidad goleadora, pero no es ahí donde el equipo se beneficia de su creatividad. Una cosa es un parche y otra un especialista. Y ahora, no lo hay. En cualquier caso, qué poco le debe de haber gustado a Benito Floro, marqués de la pizarra, que el Dépor le metiese un gol en el minuto 6 y en jugada ensayada . Y menos aún después de verla por la tele. Víctor, con habilidad y pillería, metió la cabeza para que el Dépor, por fin, empezase ganando un partido. Pero no es cierto -al menos ayer no lo fue- que a los blanquiazules les vaya todo sobre ruedas cuando golean antes que el rival. La verdad es que marcaron de chiripa para vivir de rentas y aguantar a pie firme las acometidas de un rival que no es nada del otro mundo. La acción oportunista de Víctor, lejos de permitir al Dépor explotar la velocidad de Makaay a la contra, volvió a evidenciar los problemas de creación de juego que arrastra el conjunto en los últimos tiempos, con la expcepción del partido ante el Lens. El holandés no tuvo ocasiones porque el conjunto no las supo crear. Sin ideas ni fluidez en el centro del campo y en las bandas, el Deportivo se atasca en la salida y lo que propicia, curiosamente, son los contraataques del rival cuando el marcador favorable debería motivar lo contrario. Y tampoco es excusa la presión asfixiante del rival. No la hubo. Anoche salvó la papeleta en la primera parte una pareja de centrales muy segura, pero que se desnortó inexplicablemente tras el descanso. Volvieron a hacer daño un año más las incursiones de López y Víctor. Este último sigue siendo una pesadilla para un Dépor al que tiene tomada la medida. Algo de suerte con los rebotes y el desconcierto del Dépor hicieron lo demás. El Villarreal marcó el tercero con un hombre menos por expulsión de Unai. El mal juego blanquiazul había dictado sentencia.