Valerón lideró el triunfo del Dépor y el Valladolid lo sacó del campo a patadas
22 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Es sólo un fraude patético. Un timo para el equipo que pone el fútbol y, sobre todo, para el público, que paga dinero por el arte de jugadores como Valerón. Él solito desquició al Valladolid en un primer tiempo para el recuerdo. Pero la maestría tiene a veces un alto precio en el fútbol, y se lo hizo pagar Peña, un asesino del talento. Estaba escrito que Moré se lo colocaba encima tras el descanso con el único fin de pulverizarlo. Lo logró en la primera patada por detrás. El atentado contra el fútbol quedase impune con una amarilla para el infractor, y el agredido, cojo, fuera del campo. Desde ese momento, el Valladolid se convirtió en el equipo más sucio de cuantos pasaron por Riazor. Da igual que le cuelguen de la chepa a Jonathan porque antes de que reciba el balón es obvio que se va a marchar. Cuando sucede es como si se encendiese una chispa en el Dépor. Valerón es pura magia. No sólo regatea a Jonathan en un centímetro cuadrado, sino que se esfuma entre las pienas de otros dos defensores para regalar a Makaay el tercer mano a mano en dos partidos. Makaay es el máximo beneficiario de una sociedad peligrosa que se acreditó en Múnich y que promete jornadas de gloria. Además, al holandés le envían un plátano y lo remata. Está en racha, hasta lo que escupe el poste; en este caso la enésima obra de arte del canario. Su vaselina merecía el gol. Pucela pagó los platos rotos de Múnich, porque Valladolid y Deportivo emiten su fútbol en diferentes frecuencias. El Dépor, con frecuencia. El Valladolid, sin ella. Y no es que los blanquiazules hayan hecho el partidazo del siglo, pero la diferencia es tan abismal que uno renunció al fútbol. El martillo pilón de los coruñeses lo pusieron en funcionamiento Mauro y Fran. O Neno , en su partido 350 en Primera División, fue quien con mayor clarividencia vio los desmarques de Valerón, que una y otra vez se iba del joven Jonathan. Y en el descanso, Pepe Moré dio la alternativa a Peña porque el espectáculo no debía continuar. El Valladolid es culpable de convertir el segundo tiempo del partido de ayer en un combate sin tregua, en fútbol sin balón.