Gomina de Segunda División

Mariluz Ferreiro REDACCIÓN

DEPORTES

El héroe de la séptima del Real Madrid regresa a España por la puerta de atrás El Levante disfrutará de la clase, los modelos y los piscinazos del Montenegrino

03 sep 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El Ronaldo de Segunda nació en Podgorica, Montenegro. El fichaje estrella de la división de plata es un tal Pedja Mijatovic, de 33 años. Ha dedicado los 15 últimos al fútbol profesional en equipos como el Partizán de Belgrado, el Valencia, el Real Madrid y la Fiorentina. Al menos, dedicará uno más al Levante. Muchos jugadores podrán enfrentarse a aquel hombre que casi se salía de la televisión la noche del 20 de mayo de 1998. La noche en la que el Real Madrid logró la anhelada séptima Copa de Europa ante la Juve de Zinedine Zidane con gol de Mijatovic. Las crónicas (siempre hurgando en la épica) aseguran que el jugador se miró el santo que tiene tatuado en uno de sus brazos cuando saltó al Amsterdam Arena. Y el milagro se produjo en el minuto 66, cuando un balón rebotado en el área juventina se le ofreció para marcar un gol que entró por toda la escuadra de la historia merengue . La cima de su carrera está ligada a su largo paso por el fútbol español, al que llegó en la temporada 93-94. El Valencia pagó unos 320 millones de pesetas por un delantero del Partizán cuyo aval desde los 18 años era la clase y en las dos últimas temporadas, los goles. En el club ché cultivó su faceta anotadora y alcanzó su récord: 28 dianas en la campaña 95-96, la cifra más alta de su carrera. Los números le catapultaron al Real Madrid y al puesto de enemigo número uno de la afición ché . Debutó con el cuadro blanco el 31 de agosto de 1996 ante el Deportivo en Riazor y se convirtió, junto a Suker, en la imagen del Madrid de la gomina, los diseñadores y el sarao . Un hombre con el afán de eliminar diferencias entre vestuarios y pasarelas, entre la prensa deportiva y la prensa rosa, entre Capello y Armani. Fue un habitual de las discotecas madrileñas pobladas por la jet y el famoseo y comenzó a mostrar mejores estadísticas en supuestos romances (Sofía Mazagatos, Mónica Pont, entre las parejas más sonadas) que en goles. Ya se había separado de su mujer, Elena, que después sería condenada a prisión en Yugoslavia por estar involucrada en un asesinato. Un culebrón digno de cualquier reality show . Con el tiempo se empeñó en que su calidad perdiera protagonismo también en el campo gracias a algún que otro escupitajo y a su afición a la práctica de la natación en el área rival. Sus zambullidas le costaron la crítica de numerosos rivales y la polémica con los árbitros, a los que acusaba de convertir en ficticios penaltis reales. En el 99 se despidió del conjunto madridista casi como empezó, ante el Dépor, pero en el Santiago Bernabéu. Italia parecía el lugar perfecto para continuar con sus días de vino y rosas, pero el calcio apagó su estrella internacional. Allí pasó a la categoría de grato recuerdo para el fútbol internacional. Se fosilizó en la Fiorentina, que acabó hundida en lo económico y lo deportivo. El club desapareció y luego fue refundado. Y ahora, cuando Pedja parecía candidato a ser un nombre puntual en los reportajes «¿Qué ha sido de...?», ha vuelto a España. Ha elegido un club que le ofrece una ficha de 500.000 euros y la posibilidad de vivir junto a su hijo que padece hidrocefalia y que siempre ha sido cuidado por una familia valenciana. Quizás Mijatovic se consuele al pensar que el Levante sea un curioso cementerio de elefantes del fútbol. Johan Cruyff y el chileno Carlos Caszely le precedieron. Mientras, sigue alimentando el segundo aspecto de su historia de amor-odio con el Valencia al fichar por el Levante, vecino y enemigo . El morbo y la gomina están servidos. También en Segunda.