Cuaderno de Vilalba

T. Silva REDACCIÓN

DEPORTES

CÉSAR QUIAN

El Dépor concluye su decimotercera pretemporada en la villa lucense sin plantilla definida y con estrellas lesionadas

27 jul 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

Culminó la concentración número trece en Vilalba. No es el dígito ideal para afrontar una temporada, pero el Deportivo ha forjado en la Terra Chá todos los títulos que exhibe en su vitrina. No hay razón para cambiar. Y si encima asoma la crisis, huelgan las visitas alpinas. Otra vez desde la provincia de Lugo, el Dépor inició su camino a una campaña densa en partidos, viajes y exigencias. Otra vez Irureta se ha visto obligado a trabajar con jugadores de los que nada sabrá cuando el Betis visite Riazor el 1 de septiembre. «Cuarenta jugadores están muy bien para un campeonato de mus», ironizaba el irundarra recientemente. El stock de hombres impidió cumplir uno de sus deseos: apuntarse a la moda de entrenar con canteranos. Vilalba recogió una de las imágenes más emotivas de lo que será la temporada 2002-2003: el sudor de Manuel Pablo en un partido amistoso, completamente integrado con sus compañeros. La imagen fue comentada desde Italia por Giovanella, a quien el azar escogió como causante de la grave lesión del canario. Pero el optimismo que Manuel Pablo transmitía con sus carreras en la banda de A Magdalena, era matizado por él mismo: «Mentiría si dijese que estaré al principio de la temporada, me queda mucho camino por recorrer». Djorovic y Donato también fueron incorporaciones novedosas con respecto al tramo final del ejercicio anterior. Llamados a contemplar las evoluciones de Naybet y Andrade en la titularidad, el yugoslavo y el hispanobrasileño podrían tener más cancha que nunca: su entrenador estudia la posibilidad de modificar el dibujo táctico e incorporar un tercer central. La concentración número trece del Deportivo estuvo a punto de registrar una escena kafkiana: Émerson, cuya negociación con Deportivo y Atlético pasó por momentos delicados, se planteó la posibilidad de viajar a la Terra Chá a modo de pataleta. En el último minuto, se desvió rumbo a Alvedro y tomó un avión a Madrid. Mejor así: las habitaciones en el hotel Villamartín empezaban a escasear. Mientras los deportivistas repetían que «las pretemporadas son siempre muy duras», uno de ellos, Diego Tristán, abandona la concentración sin derramar una gota de sudor. Su tobillo lo ha impedido. Lesionado en el Mundial de Corea y Japón, el sevillano tiene prohibido ejercitarse con normalidad por la inflamación de su pie, un hecho sobre el que Javier Irureta no ha ocultado su extrañeza: «Es curioso que no pueda entrenar después de un mes de vacaciones». El que quiera entender... El mosqueo del técnico subió un tono cuando presenció la lesión de Sergio, otro convocado por Camacho. ¿Casualidad? Mientras el delantero estrella se lo toma con calma, Iván Pérez trabaja con tantas ganas y puntería rematadora que el propio Jabo se vio obligado a decir que «me lo está poniendo muy difícil». La número trece ha sido la concentración en que menos se han mencionado los futuros descartes. Irureta desvió la atención a René Descartes, aunque para ello desplazó el origen del filósofo de Francia a Grecia. Pero Jabo nunca comete un lapsus cuando reclama una nueva pieza para el rompecabezas blanquiazul, un interior polivalente. Tanto lo repitió que su capitán Fran le ha secundado asegurando que él necesita un relevo en su banda. La temporada será un largo camino. El Dépor ya dio su primer paso. En Vilalba.