Fue una final hermosa que entronizó a un nuevo rey: Ronaldo Fue algo nunca visto. Acabó la finalísima y los flamantes campeones, los artistas que firmaron el quinto título de Brasil, se sentaron en el césped, formaron corro juntando las manos y se pusieron ¡a rezar! Pero quizá aquello tuviese su lógica.
30 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.Alemania anduvo enorme (se diría que jugó mejor de lo que sabe), pero es humana. Brasil, en cambio, posee un plus de magia técnica que la convierte en cuasi divina. En fútbol hay castañas (Arabia), medianías (España), buenos equipos (Alemania); y después está Brasil: otra historia. El equipo humano y el divino regalaron algo hermoso. La trepidante final de Yokohama (rápida, limpia, técnica) perdurará en las videotecas. Alemania se sobrepuso a la baja de Ballack, su hilo directo con el gol, se cargó de osadía y se atrevió a perder brillando como jamás antes. Los germanos ganaban las bandas, se defendían como una falange e incluso se permitían alegrías importadas de Brasil (¡hasta tres taconazos dieron Neuville, Klose y compañía!). Pero toda esa lección de cuerdo fútbol físico sirvió de poco. La pizarra, el orden y el sudor son gaseosa cuando aparece el anarquismo letal de Ronaldo, Kleberson y Rivaldo (sólo hizo dos cosas, ¡pero qué dos!). En apariencia, los tanques alemanes mandaban... y sin embargo, se fueron al descanso con Voeller desencajado y cinco escenas de pánico en el área de Kahn. No hay muro que soporte un bombardeo de poesía brasileira. Ronaldo, el príncipe herido por la epilepsia, el genio varado por una rodilla que lo prejubiló hasta hace un par de meses, está de vuelta. En el primer tiempo lamió el gol tres veces (una se le fue al tentar el toque sutil y en otra perdió un mano a mano con King Kahn ). Kleberson también dio un par de avisos (bola al larguero incluida). Revelador: Alemania, la dominadora, pudo haberse ido al descanso con cinco roscos; pese al fuelle de Neuville (¿ha descubierto el gingseng?), el recital de Schneider y el aplomo del mariscal Ramelow. En la reanudación, Alemania saltó aún más desinhibida. Marcos sufrió dos sobresaltos y desvió al poste un cohete de Neuville. Pero el hombre del peinado más horroroso del orbe aguardaba su lugar en la historia. En el minuto 67, Ronaldo le sisó un balón al gran Hamann (grande en todos los sentidos) y sirvió a Rivaldo, que chutó y alcanzó el talón de Aquiles de Kahn. En su único error de este Mundial, el porterazo alemán no acertó a blocar y entregó el rechace a Ronaldo, que empujó velocísimo su primer gol. Once minutos después: el cielo. Kleberson centra, Rivaldo (que sí es el más listo de la clase) la deja pasar y Ronaldo la telegrafía a la red. Pelé se hizo sitio a codazos para hacerse la foto con Ronaldo. Hace bien, si la rodilla de cristal aguanta, tenemos rey do mundo para rato.