Dicen en Zaragoza que sólo un gol propio es capaz de arrancarle una sonrisa. Quizás su récord de partidos internacionales con Paraguay. O una buena cumbia. Roberto Acuña, el Toro Acuña, el zaraguayo tendrá que traerse sus bongos a Galicia e intentar que sonría Riazor. Su último gesto en la Liga no fue precisamente afable. El equipo maño descendía a Segunda y Acuña caía en la agresióna un aficionado en El Madrigal. La posible sanción incluso hizo peligrar su participación en el Mundial. Pero el Toro salió airoso de la plaza. Ahora a este líder improvisado que no quiere serlo le toca una nueva faena. Él es el jugador sin . Sin supersticiones, sin grandes ostentaciones y sin alcohol. Sin embargo, parece que su frigorífico está repletode Coca Colas y que su espectacular casa (con pantalla gigante) sirve de centro neurálgico de sus fiestas con otros futbolistas iberoamericanos. Aunque en España su sombra es su agente, el argentino Claudio Luna. Lazos de unión no les faltan. El jugador, nacionalizado paraguayo en1993, nació en Avellaneda y se inició en el balompié en el Lanús. En plena adolescencia fue rechazado por los técnicos del Independiente, que no aprobaron su continuidad en el equipo. Entonces su padre, Artemio Acuña, decidió regresar a Paraguay, su país de origen. Fue el trampolín para que el hijo regresara a Argentina por la puerta grande para jugar en el Argentinos Juniors y Boca. En este último club, ocultó pasión por el River y fue bautizado como el Toro por Radio Mitre. Pero Acuña, como el toro de Osborne, sobrevivirá sin esfuerzos en el horizonte histórico de los zaragocistas. Porque para ellos es el que tomó las riendas para remontar en el encuentro que le dio a su equipo el último título: la Copa del Rey del 2001 ante el Celta. Porque sus goles ante el Madrid son ya una tradición. Y porque es fácil convertir su resistencia física en leyenda. Sus recuperaciones milagrosas. En Anoeta recibió un golpe en la cabeza que le marcó el camino hacia la Policlínica de Guipúzcoa. Ingresó con un traumatismo craneoencefálico y con un pequeño edema cerebral. Al fin de semana siguiente el paraguayo saltó de nuevo a un terreno de juego. Durante la última temporada también superó una luxación de clavícula. A pesar de las estocadas, Acuña resiste en el ruedo del fútbol.