Ni Klose ni Ballack ni Ahn ni Seol; ni siquiera el hombre de moda, Guus Hiddink. En el estadio Copa del Mundo de Seúl, el centro de todas las miradas será alguien cuya selección nacional ni siquiera participa en el Mundial. El suizo Urs Meier, árbitro experimentado y de prestigio, es el bálsamo que ha elegido la FIFA para curar las ampollas que ha levantado la actuación de los que visten de negro.
24 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.De esta decisión, lo más acertado es la designación de dos asistentes, a priori, de garantías: el francés Arnault y el checo Amler. Lo del juez principal, sin embargo, ofrece algunas aristas. Meier ya fue objeto de críticas en el que hasta ahora ha sido su único partido en este Mundial, el Corea-Estados Unidos. Entonces señaló un penalti inexistente a favor de los anfitriones cuando éstos perdían por 1-0. La acción no generó polémica porque Lee Eul-Yong falló el lanzamiento y el partido terminó con un empate que convenía a ambos contendientes. El trencilla suizo es bien conocido por los alemanes. Sin ir más lejos, fue el encargado de pitar la final de la Liga de Campeones entre Bayer Leverkusen y Real Madrid. Su debut en un Mundial se produjo en Francia 98 en el partido EE UU-Irán. Se tragó un penalti de libro de Keller. Algunos piensan que los precedentes de Meier indican que los anfitriones seguirán contando con el jugador número 13. La mejor noticia para el fútbol sería que el miércoles ya nadie se acordara de quién arbitró la semifinal. De momento, Meier y el arbitraje están en el ojo del huracán.