Senegal «derrite» a los suecos

AMADOR GÓMEZ ,

DEPORTES

PATRICK HERTZOG / REUTERS

16 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.

El fútbol, espíritu y atrevimiento de Senegal iluminan el Mundial. El joven equipo se convirtió en la segunda selección africana que alcanza los cuartos de final, gracias un gran gol de oro de Henri Camara que fulminó a la rácana Suecia y permite a los africanos seguir soñando. Senegal es el orgullo de África. Después de estrenarse con una histórica victoria ante Francia y superar la primera fase, sigue asombrando al mundo. El cuadro dirigido por el francés Bruno Metsu y formado casi en su totalidad por jugadores que militan en el país de su seleccionador, representa la frescura, imaginación y valentía en esta Copa del Mundo. El gol de oro hizo justicia a los senegaleses que con su pundonor, ambición y desenfado despidieron al frío y calculador equipo sueco, que sólo quiso jugar al principio del partido y en la prórroga, en la que diez minutos antes del tanto de Henri Camara ,Anders Svensson estrelló el balón en el poste. Henri Camara, que también marcó el gol del empate, se convirtió en el nuevo héroe nacional. Aunque frente a Suecia le faltaban dos de sus mejores jugadores, los sancionados Diago y Fadiga, esta selección dispone de ambición y recursos suficientes para plantar cara a cualquier rival y futbolistas de calidad que están deslumbrando en tierras asiáticas. Aparte de Camara, el joven Diouf, delantero del Lens no exento de picardía (quiso marcar un gol con la mano) volvió loca a la defensa sueca con su velocidad y desborde. El Liverpool no ha tardado en darse cuenta de la valía de la gran arma ofensiva de este combinado que con toque y proyección atacante dio un auténtico repaso a Suecia durante casi toda la primera parte, no se asustó en la segunda, y fue a matar o morir en una prórroga de ida y vuelta. Y acabó triunfando en la muerte súbita , para igualar el éxito de Camerún en el Mundial de Italia 90, aunque ahora espera a Japón o Turquía en cuartos y no renuncia a nada. Suecia era la favorita para pasar a cuartos y asumiendo esa condición afrontó el partido al ataque y jugando al primer toque. Pero después de conseguir abrir el marcador tras una jugada a balón parado, los nórdicos decidieron defender y esperar atrás. Entonces se produjo la gran reacción de Senegal que, aunque en principio encontró muchas dificultades para superar la presión sueca, fue creciéndose y terminó encerrando en su campo a los escandinavos. Ni siquiera necesitó el penalti a Diouf ignorado por el colegiado, ni el posterior gol anulado por fuera de juego, porque el choque se jugaba sólo en campo sueco y el empuje de Senegal tenía que tener una recompensa. Diouf, incansable El incansable Diouf, que tras el descanso también entró por la derecha, era un puñal por la izquierda. El ex racinguista Mellberg, aunque también otros defensas suecos, aún debe tener pesadillas con la endiablada rapidez y regate de este joven senegalés al que sólo le faltó culminar con un gol su magnífica actuación. Senegal tocaba con mucho criterio, sin pausa, pero se estrellaba contra un muro, hasta que Henri Camara decidió que había llegado el momento de resolver con un disparo. La ultradefensiva Suecia había estado jugando con fuego y al contrario que Argentina, Suecia encontró la fórmula para batir su portería. Con toque, velocidad y desborde en el uno contra uno, los africanos fueron premiados con ese merecido empate por el que no dejaron de luchar desde el gol de Larsson. Pero los senegales no se conformaron hasta el final del primer tiempo, y con más acierto en el remate incluso podrían haber logrado otro gol antes de que comenzase una segunda mitad más equilibrada en la que se esperaba que Suecia volviese a salir al ataque. Y así ocurrió, aunque esta vez Senegal, que ya ha aprendido mucho en este Mundial, no se encerró. Al contrario, adelantó sus líneas, defendió con orden, y volvió a irse arriba para aprovecharse de un rival dormido. Senegal, que no tenía nada que perder, volvió a tomar la iniciativa, a lanzarse al ataque y a jugar al fútbol. Suecia, cada vez más cansada, muy lenta, ya ni salía a la contra. El partido volvía a ser de Senegal, aunque a los africanos les sobraban esos balones aéreos que acababan en la defensa sueca y su excesivo individualismo. Pero el partido llevaba camino de decidirse con cualquier jugada personal o en una acción aislada que por parte de los suecos parecía que sólo podría llegar con una falta, porque su fútbol era nulo, aunque la salida de Ibrahimovic la convirtió en más peligrosa. Hubo que esperar a una prórroga trepidante en la que Anders Andersson, el autor del gol de falta que eliminó a Argentina, pudo ser de nuevo protagonista, porque el sueco pisó el balón en el área, se dio la media vuelta y mandó un derechazo que hizo temblar la portería de Sylva. No era su día, y sí el de Henri Camara, el jugador que lleva unos esparadrapos para cubrir sus pendientes y marcó un gol que es oro auténtico para Senegal.