En el Dinamarca - Senegal se regalaron casi dos mil entradas
08 jun 2002 . Actualizado a las 07:00 h.El Mundial de la globalización ya ha dado los primeros síntomas de injusticia. Unos pagan por ver un Italia-Croacia y otros cobran por ocupar una plaza en el mismo partido. Los organizadores de Corea han decidido alquilar multitudes para acabar con la imagen de gradas desoladas en los partidos de la primera fase. Así, el pasado jueves, casi dos mil personas recibieron entradas en Daegu con la misión de no moverse durante las dos horas del Dinamarcar-Senegal. «Algunos se han prestado voluntariamente», reconoció el portavoz del Comité Organizador coreano. Al mismo tiempo, muchos aficionados se han quejado de pagar sus entradas y no recibirlas a tiempo. La Fifa ha tomado cartas en el asunto a través de una investigación. Al organismo futbolístico no le huele nada bien que estadios que agotaron casi todos sus tickets estuvieran vacíos. «Todas las partes implicadas en este asunto han trabajado duro y se puede asegurar que ahora la situación está bajo control», explicó el presidente de la Fifa, Joseph Blatter. En casas de alterne Que el Mundial está que arde, nadie lo duda: que si la actual campeona tiene un pie fuera, que si Argentina ya no es tan favorita, que si Alemania despierta dudas, que si Italia pierde con su propia receta... Además, el calor y la humedad han contribuido sobremanera a la situación incendiaria de la cita oriental de la Fifa. Pero caliente, lo que se dice caliente, la noche coreana. No dominan los «after hours» y el horario de los pubs atiende a leyes más inflexibles que las españolas. La clave de la calentura nocturna es la escasez de hoteles. Así, las autoridades de ciudades como Jeonju se han visto obligadas a habilitar los clubs de alterne como residencias para los aficionados europeos y americanos que acuden al Mundial. Hinchas alemanes o brasileños que abonaron su desplazamiento sin reserva de cama, se ven ahora en la disyuntiva de «o dormir en el colchón redondo bajo bombillas rojas o no dormir». Para los dueños de las casas de compañía no es un mal negocio: las habitaciones que eran alquiladas por una hora al precio de quince euros, ahora les proporcionan 64 por toda una noche, y el trabajo se reduce. Son muchos los turistas que han descubierto el love chair, un sillón rojo diseñado para facilitar las posturas del Kamasutra. Evidentemente, el best-seller del sexo puebla las mesillas de noche de todos estos improvisados hostales.