Lección de efectividad

X.R. CASTRO GIJÓN. ENVIADO ESPECIAL

DEPORTES

Cuatro meses después el Ourense volvió a ganar a domicilio. Lo hizo con la contundencia de un 0-3 y rompiendo todos los tópicos. Primer partido sin encajar en feudo ajeno y primera vez que encadenan dos triunfos consecutivos. El Sporting B no fue rival. Ni con refuerzos el filial gijonés presenta credenciales para quedarse en la categoría. Es carne de Tercera.

01 feb 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

El Ourense confirmó en El Molinón que ha aprendido la lección de la supervivencia. Jugar bien sin rédito no vale en una categoría así. Aquí el fútbol pasa por ser consistentes, expeditivos atrás y rentabilizar las ocasiones arriba. Así rompió su dinámica negativa el Ourense a domicilio. Por una vez -¿será la excepción?-, los rojillos fueron un equipo expeditivo atrás. Ni las filigranas de Rubén, ni los centímetros de Miguel, y mucho menos la bisoñez de Gerardo y Cuartero pusieron en peligro una zaga en donde Otero lleva camino de asentarse. En el centro del campo mucho trabajo de recuperación y paciencia en la distribución -Nenu demostró que es capitán general cuando tiene enfrente a su generación-. Arriba, calidad en los nombres propios. Cada llegada ourensana o acabó en gol o en oportunidad clara. Este manual de la sobriedad fue suficiente para golear a domicilio. De hecho, la historia comenzó con Vázquez sacando un balón debajo de los palos a Manolo Pérez. Siguió con una volea del vitoriano que detuvo Dani y finalizó en su primer acto con una jugada de tiralíneas de Golo y Adolfo en la izquierda que Manolo remató a la red. En medio, muy poco ritmo, una sobredosis de mediocampismo y un rival víctima de su propia historia. El 0-1 envió al Sporting B con una losa al descanso, pero al regresar, ése peso se redobló. En tres toques, el Ourense marcó el segundo. Santisteban sacó, Nacho prolongó de cabeza y Golo con un zurdazo hizo del balón objeto invisible para David. Entonces el Sporting B se acordó que Aceval le había enviado a Rubén en las rebajas de enero. Como si tuviera imán, buscaron al hijo del mítico Cundi una y mil veces. El habilidoso mediapunta respondió con continuas basculaciones y rupturas entre líneas que alimentaban la esperanza gijonesa. Todo teoría. Entre la defensa, Santisteban en un par de ocasiones y su negación en el último pase dejaron en evidencia cualquier peligro de reacción. Incluso, para aclarar cualquier género de duda, llegó el tercero ourensanista en forma de regalo. La defensa se hizo un lío con un centro de Kiko y Nacho volvió a marcar en su estadio, aunque vistiendo la casaca del rival, en este caso azul. Restaban entonces doce minutos y el encuentro ya no daba para más. Quizás para fuegos de artificio en forma de oleadas por la derecha del ataque local con Lafuerza y Jabuto como protagonistas. También con salidas a la contra del Ourense por las bandas con el línier marcando. Por una vez, el Ourense ganó sin sufrimiento. Lo hizo con suficiencia, congelando el balón y sabiendo que el reloj jugaba a su favor. Nadie puede decir que el 0-3 haya sido espectacular, pero si efectivo y balsámico. Por primera vez en mucho tiempo el equipo seguirá el desenlace de la jornada sin hacer cálculos para el descenso. Más bien, aplicándose en ecuaciones para cazar al pelotón intermedio. Si es capaz de hacer pleno en el doble compromiso que ahora le espera en casa -Ponferradina y Caudal-, quizás el futuro se mire de otro prisma. Ahora, toca respirar.