«Quítate el vendaje, y esa no es tu rodilla... es la rodilla del Liverpool», dijo en una ocasión Bill Shankly a sus pupilos del legendario equipo inglés. Hay lesiones que superan al futbolista. Pero también hay personas que superan a la lesión... y al pelotero. Roberto el Chino Losada es una de ellas. Tres goles en cien minutos. No está mal para un delantero. Pero sus números alcanzan una dimensión mayor si se tiene en cuenta que el vigués del Mallorca estuvo trece meses muerto para el fútbol, después de un desgraciado choque con Molina en el Deportivo-Oviedo de la pasada temporada. El diagnóstico, inolvidable. La misma lesión del deportivista Manuel Pablo: rotura de tibia y peroné. Quizás por eso, Losada afirma que intenta olvidar su pasado reciente, pero admite que no podrá conseguirlo hasta que no termine un encuentro completo en el lugar que casi le retira del fútbol: el estadio de Riazor. «Tengo una espina clavada con ese campo; jugar allí un partido completo es algo más que un símbolo para mí», dice el Chino. Si mantiene su nivel de juego, dispondrá de esa oportunidad el próximo 7 de abril. Losada lo encara con valentía: «Estoy entusiasmado y feliz. Casi lo he olvidado todo y creo que terminó de la mejor manera posible». El periodista advierte al jugador que quizás esté festejando con precipitación. «Sé que vendrán tiempos peores, este tipo de lesiones derivan en continuas roturas de fibras y problemas musculares cuando vuelves a jugar... contamos con que suceda esto», afirma a modo de advertencia hacia Manuel Pablo. Aunque reconoce que pensó en «arrojar la toalla y volver tan sólo por el significado del regreso», Losada apela al «todo vuelve a su sitio» como queriendo borrar para siempre el recuerdo. Trece meses en la UVI del fútbol dan para mucho, sobre todo para pensar. Por eso, Roberto se acuerda ahora de los comienzos en el Sárdoma vigués -«donde empecé y me divertí»-, y del volver a empezar en el Mallorca: «fue increíble que me esperasen cuando me lesioné, pero si de algo estoy orgulloso es de llegar aquí sin necesidad de enchufes. No sé, parece que caigo en gracia...». Tanto, que en su historial de entrenadores figuran hombres como Antic («me llamó casi todos los días cuando me lesioné, le agradezco que me enseñase y que dijese de mí que sería el pichichi de Primera»), Lillo («no jugué ni un minuto con él y hablo maravillas de Juanma como persona. Es muy cabezón con su sistema y muere con él»), Tabárez («ahora está en Boca pero no tuve mucha relación»), Fernando Vázquez («sólo lo tuve una semana; fue muy realista con respecto a mis posibilidades de jugar y me fui cedido al Toledo») y Aragonés («es el dios, acojonante, un diez; podría tener 38 años y seguir aprendiendo a sus órdenes; iría con él al Atlético»). El Chino confía ciegamente en su futuro. De ahí su discurso final: «Losada ya no es aquel juvenil del Sárdoma, con proyección. Es una realidad».