FÚTBOL BASE
24 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Mientras otros se dejan la garganta para triunfar en televisión como cantantes de karaoke, cientos de chicos intentan hacerse con un sitio en el competitivo, irreal y muchas veces cruel mundo del fútbol. La mayor parte de ellos no llegarán, y muchos se perderán en el camino. Otros, como el pontevedrés Borja Taboada, prefieren mantener la cordura y tentar a la suerte bien sujetos a la realidad. Borja, como Kike, su compañero marinense en el Celta, son las promesas más jóvenes de un deporte que desata demasiadas pasiones. Cada año, los mejores equipos del Estado seleccionan a varios chicos para formar parte de sus equipos de base. El Celta, por ejemplo, mantiene seis equipos jugando a un buen nivel. De todos esos jóvenes, ilusionados a veces hasta el extremo, muy pocos llegarán a ganarse la vida en un club profesional. La caída, a veces, es más que triste. Borja Taboada Castro tiene 13 años, estudia segundo de ESO en un colegio de Pontevedra, la ciudad donde nació, y juega en el equipo infantil del Celta de Vigo. Su jornada tipo no deja demasiado tiempo para el aburrimiento: «Me levanto a las ocho menos diez», narra, «y me voy al colegio. Como a la una y media, y vuelvo al colegio a las tres y media. A las cinco y media me marcho a Vigo, y llego a casa otra vez entre las nueve y media y las diez. Eso todos los días, menos los miércoles, que no hay entrenamiento». Su ritmo de vida «es difícil pero se lleva bien», comenta. «Uno no tiene tiempo para nada: sales del colegio, y a entrenar». «Si puedo dedicarme al fútbol lo haré», cuenta. De momento es muy joven para saber qué estudiará si decide hacerlo, pero lo que sí sabe es que en el colegio hay que responder para poder seguir jugando: ni su club ni su familia estarían por la labor si los suspensos empezasen a asomar en la cartilla. «A mis padres les gusta que juegue», afirma, «pero también me dicen: `¡cuidado con las notas!''». Borja tiene suerte porque sabe cómo debe plantearse su futuro en el fútbol.