Bochornosa derrota de los coruñeses, que jugaron andando en Valladolid Esto se viene abajo ¡Qué impotencia y qué vergüenza, Dépor! Y sobre todo, ¡qué falta de orgullo! Un punto sobre 21 posibles fuera de casa parece un bagaje excesivo para los méritos contraídos.
13 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.Más aún después de presenciar la bochornosa caída al séptimo puesto en Valladolid. Dice el diccionario, correr: «ir de prisa, hacer alguna cosa con rapidez». Una definición que alguien debería colgar dentro del vestuario de Riazor. El Deportivo fue un dinosaurio al borde de la extinción, un púgil veterano ridiculizado por la sangre fresca de un barbilampiño con guantes. Su resignación y falta de amor propio, sencillamente, dieron pena a la grada, que suspendió los «olés» por compasión. ¡Fortísimo! Y es que no basta con echar una carrerita aparente tras el rival, hay que pelear, arriesgar. Hace mucho que Valerón y Fran, sombras de sí mismos, no atacan el balón. Evitan el cuerpo a cuerpo y suenan a bluf en un fútbol sin sangre. En cuanto a Víctor, ¡increíble lo que su rendimiento baja fuera! El Dépor jugó 45 minutos con tres hombres menos. La falta de garra a domicilio no es noticia. Pero no hay derecho a lo que los deportivistas hicieron en Zorrilla. Porque si no es un conjunto que pueda apelar a la casta, calidad le sobra para liquidar a cualquier rival. Es penoso que un equipo de constitución débil pierda también la clase hasta convertirse en vulgar, pero la verdad es que el Dépor fue ayer un pésimo conglomeado de impotencia, sin orgullo, orden, bandas ni ideas. Un novato que defendió mal, por simple acumulación y con un patético repliegue que ya le falló en el Bernabéu. Con Makaay -¡qué ocasión erró el holandés!- como Llanero Solitario de un once sin fútbol, los blanquiazules no hicieron ni ¡uy! Tampoco se entiende que Irureta reclame contundencia mientras Émerson calienta la grada. En fin, con todos esos ingredientes es de extrañar que los goles en contra no llegasen antes. Y lo más lacerante de todo; no es de recibo que el equipo tenga que encajar dos tantos para despertar de la siesta y jugar. Eso sí, con Duscher. Fran y Valerón pagaron el pato en la caseta, y hasta es posible un cambio de esquema en próximos desplazamientos, sin mediapunta.