Carisma y espectáculo en los circuitos

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08 ene 2002 . Actualizado a las 06:00 h.

Si Joan Garriga hubiera prescindido del motor y se hubiera dedicado al mundo de la bicicleta hubiera sido escalador, sin duda. Un Perico o un Pantani. El piloto catalán fue un temerario de los circuitos. El espectáculo sin hipotecas. Se convirtió en la alternativa heavy a la eficacia calculadora de Sito Pons para dividir a la España del motor en dos bandos. Por eso su gran carrera la firmó en la Catedral del motociclismo: Assen. Pons y Sarron luchaban por el triunfo, pero en la última vuelta se fueron al suelo. El suizo Cornu y Garriga estaban tan enfrascados en su batalla por la tercera plaza que no se enteraron de que en realidad pugnaban por la victoria. Cornu le señaló una frenada al catalán a modo de provocación, para que intentara adelantarlo. Y Garriga lo hizo y le dedicó un corte de mangas a su rival en la meta. Entonces todavía no sabía que había ganado.