EN DEFENSA DE PEP

La Voz

DEPORTES

COTRACORRIENTE

28 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Toda persona es inocente mientras no se demuestre lo contrario, toda persona tiene el derecho a ser tratada correctamente. Sirvan estas afirmaciones para intentar centrar el problema del doping, al menos desde un punto de vista biomédico. A raíz del caso de un conocido deportista -futbolista- que ha dado positivo y la repercusión que alcanza, sería conveniente realizar una serie de aclaraciones sobre el actual sistema de control. No es la primera vez, ni será la última, que un deportista dé positivo y -afirmo- siendo inocente. Al menos el cincuenta por ciento de todos nosotros daría positivo en un control rutinario. Es así porque el mecanismo de análisis busca muestras ínfimas de producto -la cantidad de una jeringuilla en una piscina- y no se especifica la cantidad o está referida a población general. Así, usar un colirio para una inflación ocular, daría positivo; los jarabes para la tos o incluso los muy cafeteros, también. Y evidentemente, pocas posibilidades tiene un futbolista de marcar un gol por un colirio. Es más, una parte de trabajadores de actividades de riesgo actuarían dopados agunos días. Quizá ha llegado el momento de cuestionarse el actual sistema prohibicionista antidoping, salvo que queramos iniciar una campaña de criminalización de un gran número de deportistas que en algunos aspectos fisiológicos, al menos cuantitativamente, se parecen al resto de los mortales lo que un utilitario a un Fórmula 1. De momento, a nadie se la ha ocurrido la idea de multar a Schumacher por exceso de velocidad en un circuito. MIGUEL SANTIAGO ALONSO es profesor de Educación Física y Salud y Valoración Funcional de Deportistas del Inef Galicia