Paseo en Anfield Road

SERGI OLEGO LIVERPOOL

DEPORTES

LIGA DE CAMPEONES

20 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El Barça salió ovacionado de Anfield tras imponerse al Liverpool por 1-3 en el estreno de la segunda fase de la Liga de Campeones. Carles Rexach, técnico de los azulgrana, era ayer el hombre más feliz del mundo. Su planteamiento inicial, que muchos califican de poco atrevido y otros de cobarde, dio el mayor de sus frutos ante el Liverpool. Tras cuarenta minutos soporíferos, el Barça supo trabajarse su partido para llevarse los tres puntos con un festival de toque y precisión que dejó mudo al público de Anfield. Con Christanval y sin Saviola, el argentino siempre es suplente en los partidos de alta graduación, el Barça disponía el ya habitual sistema. Ni siquiera la lesión de Luis Enrique cambió los planes. El asturiano estará de baja al menos un mes debido a una nueva lesión muscular. Triste inicio El inicio fue entristecedor. El Barça daba nueva cuenta de su parsimonia en el desplazamiento del balón ante un Liverpool muy bien posicionado. Los reds esperaban a los azulgrana en su campo y con dos líneas de cuatro hombres anulaban cualquier intento de su rival. Phil Thompson, adiestrado por el aún convaleciente Gerard Houllier, colocaba a Owen y Heskey en la punta esperando su oportunidad al contraataque. El Barça parecía tocado y hundido, pero luego el Liverpool se ahogó con los goles españoles. La obligación de lanzarse al ataque acabó con lo reds. El Barça recogió el testigo.