El pasado regresa a Lugo

A. H. LUGO

DEPORTES

BALONCESTO / LIGA ACB

08 nov 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Ocuparon tres épocas diferentes en la intensa historia del Breogán. Dos accedieron a Lugo de la mano de Paco García. Uno de ellos asomó por el Universitario un año antes. Alexander, Abad y González han estrechado los lazos que unen la capital lucense con Cáceres. El camino lo abrieron el propio González y Winters el año pasado. El visitante de mañana en el recinto lucense no es, por todo ello, un completo desconocido. En su corta etapa celeste, Alexander conoció a una lucense, con la que contrajo matrimonio y poco tiempo más tarde dejó de ocupar plaza de extranjero. En el Breogán sustituyó a Moore y completó con Shepherd la pareja foránea en el primer intento por el ascenso en 1997. El fracaso ante el Caja Cantabria le cerró las puertas de la ACB. Tras una breve etapa en Polonia (Trefl Spoot), echó raíces durante tres años en el Gravelines francés. «Tengo un buen recuerdo de mi etapa en Lugo, porque la gente era muy agradable conmigo y la ciudad resultaba acogedora. El tiempo que estuve allí fui feliz», descubrió ayer el fornido pívot del Cáceres. Este confiesa que aún guarda una espina clavada por el play off del 97: «Me dio mucha rabia aquella eliminación, porque teníamos mejor equipo que el Caja Cantabria. Había demasiada presión en el cuarto partido de Lugo, con empate a uno...». Por último, no considera especial el regreso al Universitario con casi un lustro de paréntesis. «Yo juego lo más fuerte posible todos los partidos, sin fijarme dónde ni con quién», sentencia. La vida también le dio muchas puñaladas a Abad, un trotamundos del baloncesto que ha pasado de ganar títulos a meterse en el pozo de Primera con el Juventud Alcalá y de la gloria europea a empezar nuevamente de cero en el Montcada de la EBA. Esa noria le llevó a la LEB en 1998, para liderar una categoría emergente y de paso devolver al Breo a la élite. «Recuerdo muchas cosas de aquel año. Establecí muchas amistades y me adapté bien a la ciudad. El baloncesto tiene este lado romántico», añora. Su marcha, ejecutando la mínima cláusula de rescisión, levantó un muro de enemistad entre él y Paco García. «No le guardo rencor -sentencia-, ni a él ni a nadie. Todos saben lo que viví allí y rompí el contrato por una situación personal, como haría cualquiera si hubiera estado en mi piel». Eso sí, deja claro que el partido de mañana será «especial» y admite que para él es «difícil» vivir sin baloncesto, «aunque en todo momento hay que ver si merece la pena seguir». Su papel en Cáceres ha cambiado con la incorporación de Davis. Firmó un contrato por nueve meses, revisable cada tres, y ahora ocupa la posición de tres. «Se entrenó una semana con nosotros y se interesó por él media España». El entrenador del Breogán no olvida las portentosas condiciones físicas de Óscar González, que ayudó a Antúnez y Urreizti durante unas sesiones en septiembre de 1999. Tras cumplir su periplo universitario en Pittsburg State, aquella experiencia gallega le sirvió para dar el salto al Cajasur y hacerse respetar en la LEB. La élite no podía esperar, así que el Cáceres le reclutó y, por la lesión de Arcega, hasta llevó el peso del equipo en varios partidos. «Siempre estaré agradecido por la oportunidad que me dio Paco en Lugo hace dos años. A partir de ahí tuve oportunidades en España», resume el eléctrico base madrileño. La nostalgia, en este caso, es mínima. «Apenas tuve tiempo para conocer la ciudad», sostiene. Para él, la única preocupación es «intentar ganar en Lugo porque tenemos que lavar nuestra imagen a domicilio y por tratarse de uno de esos rivales directos por una de las dos plazas aparentemente disponibles para el play off».