FÚTBOL / PONTEVEDRA
15 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En el café Moderno se fuma y se discute en voz baja. La Guerra Civil ha terminado hace algo más de dos años, pero poco tiempo ha bastado para que los vencedores conviertan Pontevedra en un cadáver cultural. La tinta de las plumas se ha cuajado por el miedo, cuando no ha acabado derramada en una cuneta cerca de San Salvador de Poio. El deporte se ha parado: la ciudad no está para cabriolas gimnásticas. Sin embargo, aquí, alrededor de unos anises, un grupo de pontevedreses intenta que el fútbol, el nuevo entretenimiento de moda, recupere el pulso. Está a punto de nacer el Pontevedra Club de Fútbol. Observando de cerca la escena se encuentra José Vilas Vidal, un quinceañero que se gana los cuartos sirviendo cafés. Hace un lustro apenas era un niño, pero sabe que hubo un tiempo en el que la lealtad de los pontevedreses se dividía entre el Sporting, el Deportivo, el Atlético, el Alfonso o el Eiriña, cuyos jugadores dibujó con boina y en pleno regate el mismo Castelao. Las deudas han acabado con estos equipos. La solución es, en el caso del Eiriña y el Alfonso, la fusión: esta tarde se firmará, sobre una mesa de mármol, el acta fundacional del Pontevedra CF. Se brinda y se estrechan manos. Manuel Mosqueira, Mario Torre, José Soto, Alfredo Borrajo, José Taboada y Ladislao Loureiro, por el Eiriña, y Fernando Ponte, Genaro Pou, Eulogio Estévez y Borrajo, por el Alfonso, se atusan el bigotillo, marca de fábrica de una época triste, y se felicitan. Acaban de aprobar sus primeros estatutos: Ponte será presidente y Mosqueira vicepresidente. El resto se reparten vocalías y otros puestos. De la reunión sale también el epitafio de dos conjuntos históricos de Pontevedra: ni Eiriña ni Alfonso podrán renacer jamás. Quienes toman café en el Moderno se irán haciendo, poco a poco, socios del club. El propio José Vilas retirará el suyo unos días después. Con el tiempo, el número 25 de su tarjeta se convertirá en el 1. Nadie sabe, en este momento, que el Pontevedra va a ser un equipo tobogán: de la nada llegará, en veinticinco años, a apabullar al Real Madrid de Di Stéfano, para después caer en un estado de hibernación que dura hasta hoy. Alguien propone hacerse una foto para fijar en la memoria el momento. Los reunidos salen del Moderno, cruzan la plaza de San José y se retratan ante las palmeras de los jardines de Vincenti. El día es espléndido, al menos para un 16 de octubre de 1941.