FÚTBOL
04 oct 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El Celta perdió ayer la oportunidad de recuperar al liderato al no ser capaz de imponerse al Valencia en Balaídos, pero el equipo vigués sumó un punto valioso en un encuentro que se puso muy cuesta arriba. A un grande nunca se le puede desdeñar por muy mermado que esté. El Valencia, subcampeón de Europa las dos últimas temporadas y uno de los clubes que mejor se ha reforzado este verano, presentó un equipo temible a pesar de las doce bajas que tenía. Es de suponer que el Celta no saldría más relajado por este motivo, pero lo cierto es que el conjunto levantino despegó mejor en el partido. Rafa Benítez impuso una presión en el centro del campo que descentró a los célticos. En una acción de contragolpe iniciada por Curro Torres en el lateral izquierdo, pasó por el internacional Vicente, que se aprovechó de la mala situación de la defensa celeste, para enviar a Sánchez un pase que el ariete solamente tuvo que empujar al fondo de la red a los seis minutos de juego. No hay peor pesadilla que enfrentarse a una escuadra como el Valencia con el marcador en contra. Es un equipo que sabe utilizar mejor que nadie todas las estratagemas defensivas: repliegue total sin dejar espacios, pérdida de tiempo, todo tipo de faltas y si es necesario juego duro. Los de Rafa Benítez recurrieron a todas ellas. El Celta se hizo dueño del balón, pero no le dejaron buscar el ritmo ideal para que el fútbol tuviese fluidez, ni encontrar el hueco adecuado para romper el entramado defensivo del rival. Sin ocasiones Hasta tal punto el Celta no logró entrar en el encuentro que la ocasión más clara antes del descanso la tuvo Salva en sus botas en otro despiste de la zaga. Pinto estuvo sembrado con sus espléndidos reflejos. Lo único destacable en la portería de Cañizares fue un saque de esquina que se fue al palo tras rechazar en Albelda. Pero tras el asueto llegó la locura. Víctor Fernández apostó al todo o nada e introdujo a Maurice en lugar de Velasco. El francés fue revulsivo al destapar su dinamita con un disparo de rematador puro a centro de Boban que equilibró el marcador. Quedaba todo el segundo tiempo por delante y la zaga había quedado tan desguarnecida, que el técnico céltico se vio obligado a sacar a Sylvinho al campo para recuperar el equilibrio en el equipo, después de que Salva Ballesta se fallase una oportunidad clamorosa. No era el día del pichichi. El partido estaba roto y ninguna de las dos escuadras fue capaz de pausar el juego en su beneficio. Había tanta tensión como mal juego, pero aunque el balón rondó ambas porterías no se produjo ninguna acción clara de peligro. Justo reparto de puntos en Balaídos.