El Compostela se apunta a la media inglesa. Al menos de momento. Ha solventado con victorias sus dos partidos en San Lázaro y ha arañado sendos empates en los desplazamientos a Vigo y Pontevedra, apelando más al coraje que al diseño.El conjunto de Duque rompió la inercia de los partidos precedentes. Empezó mejor asentado y llevó el dominio en los primeros veinticinco minuto, el tiempo que tardaron en asentarse los granates.
23 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Hasta el descanso presidió el equilibrio y, a partir de ahí, el conjunto local se hizo con el balón, apretó más. Pero le faltó contundencia. Sus mejores llegadas se evaporaron en el instante definitivo. Tanto Juanito como Sergio, que fueron duda hasta el último minuto, jugaron desde el principio. Uno y otro participaron en el juego menos de lo que suele ser habitual. El equipo lo acusó. El partido no fue bonito para el espectador. Granates y blanquiazules se agruparon en torno al círculo central, como dos boxeadores con la guardia alta que no acabaron de soltar el gancho. Las primeras aproximaciones visitantes encontraron una certera respuesta de Sierra. El Pontevedra tardó veinticinco minutos en lanzar a portería. Y en cien segundos disparó tres veces. La más clara estuvo en las botas de Xaco, que pifió con el exterior de la bota cuando lo tenía todo a favor para fusilar. Poco después, un balón perdido incomprensiblemente por Muñiz en el vértice del área propició la mejor oportunidad para los blanquiazules. Arquero sacó el tiralíneas, dibujó una parábola y Sierra, con el corazón en la garganta, sólo pudo girarse para ver como el esférico salía rozando la madera. Raúl González retocó el equipo en el intermedio. Salió Curiel en lugar de Santi Domínguez, se juntó más con Melo y el Pontevedra ganó profundidad. Tanto Xaco como Capi se movieron con más criterio, al tiempo que los centrales santiagueses ya no sólo tenían que ocuparse de una referencia en la punta del ataque. También varió la filosofía, ya que el colectivo local tocó el balón con más paciencia, El Compos se enrocó con oficio. La línea de cobertura, y en especial los dos centrales, firmaron un expediente más que notable. Derrocharon concentración, eficacia y rentabilidad. Adriano evitó un gol cantado de Capi, cruzándose in extremis para interponerse en el postrer remate del habilidoso jugador local. Y la jugada polémica llegó en el minuto 87. Xaco envió un balón al hueco, hacia el punto de penalti. Pignol quiso protegerlo y Alberto forzó al límite para meter la punta de la bota. Los dos se fueron al suelo, el árbitro no pitó nada y asomó el amago de tangana, saldado con tres tarjetas. Adriano vio la segunda y se fue a la caseta. El trencilla prolongó cinco minutos que se convirtieron en ocho. Eternos. La última acción fue una falta al borde del área de Rafa. Pinillos vio la segunda amarilla, por abandonar la barrera antes de tiempo. El disparo de Alberto se estrelló en la muralla blanquiazul y ahí acabó el derbi.