Los blancos lo ven negro

RUBÉN VENTUREIRA A CORUÑA

DEPORTES

FÚTBOL / PRIMERA DIVISIÓN El Real Madrid se acomoda en el diván. Depresivo, cansado y aturdido. Así está. Creía que se iba a dar un paseo por la gran avenida del fútbol y ahora se ve transitando por las corredoiras de la clasificación liguera.

10 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Uno de seis, en puntos. Penoso porcentaje. El peor arranque liguero desde la temporada 84-85, cuando el Barça de Venables alzó la Liga. El sueño de una noche de verano, aquella en la que se cerró el fichaje de ZZ, se ha tornado en pesadilla. El Real Madrid ha descubierto a Los Otros, equipos con mucha menos fanfarria que le meten el susto en el cuerpo. ¿Qué le pasa? El parte médico incluye diez puntos. Cinco le sacan el Dépor y el Celta. Cinco le han arrebatado sus rivales, Valencia y Málaga. Inadaptado Zidane. El increíble hombre menguante. Un jugador enorme achicado por la inadaptación. Mucho ruido y pocas nueces. Siguiendo con William Shakespeare, sobre el galo pendula la duda hamletiana: ¿será o no un nuevo Anelka? Desesperado, Zizou ruega a Del Bosque que sitúe más jugadores por delante de su calva, para así poder ejercitar su recurso favorito: el letal pase en profundidad. Hierro oxidado. Da la impresión de que corre a cámara lenta. Hasta el árbitro parece más rápido que el malagueño. Enano de forma física, recurre a la patada tobillera o su ya patentado codazo en el entrecejo para frenar a los raudos rivales. La urgencia histórica del conjunto blanco sigue siendo la compra de un central de tronío. Hasta hace poco se le quería para formar pareja con Hierro; tal como está el andaluz, acompañaría a Karanka. En busca de un lateral. Otra carencia defensiva del Madrid. Salgado y Geremi se reparten esa parcela, y ambos se sonrojan si se compara su rendimiento con el que ofrece el Supermán que habita en la izquierda, Roberto Carlos. Sin Figo, como se pudo apreciar el sábado, el desequilibrio entre ambas bandas se hace aún más evidente. Consciente de esta carencia, Valdano tentó a Manuel Pablo y a Zanetti, pero las arcas, exprimidas para traer a Zidane, no daban para más. Criterios de marketing, y no futbolísticos, guiaron la política de fichajes. Flavio y Makelele, parecidos razonables. Un ex-celtista y un ex-deportivista que no acaban de hacer migas futbolísticas. Forman el doble pivote del Real Madrid, su guardia pretoriana. Eso, sobre el papel; no sobre el césped. Lo suyo es hacer de carteros: recuperar el balón y remitirselo vía Seur a alguna estrella. No cumplen ni una ni otra función: roban menos que un teletubbie y desplazan la pelota con tal lentitud que, en lugar de la pelota oficial de la Liga, parece un balón medicinal. En vez de complementarse, se solapan. El Madrid añora a Helguera, lesionado, y a Fernando Redondo. «Morriña» de balón. Este punto enlaza con el anterior. La pelota es del contrario y el equipo de Del Bosque está diseñado para tenerla. Sin el cuero, el Real Madrid queda desprogramado, como un niño sin juguete. Miopía realizadora. De los once partidos jugados en la era Zidane, sólo en dos anotó más de un gol: ante el Lausanna (1-2) y ante el Zaragoza (3-0). El equipo más goleador de la pasada Liga añora un delantero centro. Morientes vuelve a ser de cristal y Guti, su relevo improvisado, no es el de la temporada pasada. Jugar andando. Este Real Madrid que se iba a comer el mundo no se come ni la hierba, condición imprescindible para almacenar títulos, que es lo que pretendía. Gran parte de sus estrellas juegan con gasolina de reserva, como si guardasen fuerzas para la cita mundialista de la canícula. «Hoy día no se puede ganar andando», criticó Del Bosque tras el empate del sábado. Exceso de confianza. ¿Por qué este equipo juega andando? Porque se siente superior. Da la impresión de que los jugadores madridistas se creyeron todo lo que leyeron en la prensa del régimen a lo largo del verano. Ansiedad. Tantas expectativas se crearon, que el listón está demasiado alto. El Real Madrid está ansioso por ser el Dream Team anunciado. Las ganas de agradar amordazan al equipo. Tensiones internas. El Libro Azul del Madrid, el manual de estilo de los jugadores ideado por Valdano, ha generado tensión entre la directiva y la plantilla. El dócil Roberto Carlos lidera la revuelta. Lo que faltaba.