CICLISMO / VUELTA A ESPAÑA
09 sep 2001 . Actualizado a las 07:00 h.En la habitación 136 del Hospital Clínico Universitario de Salamanca reina el silencio. La televisión está estropeada y Marcos Serrano, con el brazo derecho en cabestrillo tras su operación de clavícula y una latosa fractura cerca de la mandíbula, apura los últimos rigores de la anestesia. «Me vuelve a doler la cabeza», asegura, al tiempo que pregunta: «¿Cómo va la etapa? ¿Hay poca guerra?». Su mujer, Clara, delata la tensión de una noche en vela. «Le está hinchando la cabeza debido al golpe; desde que comió está más fatigado y puede que no le sentara bien el alimento sólido que tomó», explica con voz entrecortada. Éste no era el cumpleaños que hubiera deseado para su marido, quien anteayer golpeó 29 septiembres contra el asfalto de Salamanca. «No sabemos cuándo volveremos a Vigo -apunta Clara-, me gustaría que mañana (por hoy), pero si le sigue doliendo la cabeza...». Marcos, que desde la tarde de ayer también está acompañado por sus padres, recuerda vagamente los detalles de su accidente. «Tenía mucha moral por las cronos que había hecho; además, el circuito se adaptaba a mis características; la bicicleta hizo un giro extraño y me vi impulsado por encima de ella; sólo pensaba en salir de la curva», explicó. El corredor gallego no se arrepiente de haber seguido pedaleando hasta la meta. «Era una contrarreloj muy corta y, aunque todo me dolía mucho, ¿y si sólo hubiera sido un golpe y hubiera podido salir hoy (por ayer)?», se pregunta. Y es que su baja parece haber trastocado los planes de su director, Manuel Saiz, quien ve mermar el potencial del equipo Once-Eroski en la montaña. Se trata de la segunda lesión grave de Marcos Serrano durante su carrera profesional. El ciclista de Chapela se fracturó dos costillas en el Tour de Francia del pasado año. Una caída en el kilómetro cinco de la decimosexta etapa, Courchevel-Morzine -aquélla en la que también se cayó Heras cuando estaba a cien metros de la meta en compañía de Virenque-, le fracturó dos costillas. «Nunca me había roto una clavícula, pero lo intuía; el año pasado pensé en que me había fracturado el hombro y al final fueron las costillas», indicó. A pesar de lo amargo de la despedida, el corredor cierra su temporada más dulce. Sexto en la clásica París-Niza, tercero en la Vuelta al País Vasco, noveno en el Tour y ganador de la Vuelta a Castilla-León, Marcos Serrano vuelve a sonreír.