¡Viva el Celta, manque pierda!

JUAN VILLAR VIGO

DEPORTES

M. MORALEJO

FÚTBOL / CELTA Fue un vuelo silencioso. Los cincuenta minutos que tardó el chárter en transportar de Sevilla a Vigo a los subcampeones de la Copa del Rey se asemejaron a un funeral. Ni una broma. Las lágrimas ya se habían agotado en el estadio Olímpico y sólo quedaban los gestos, que situaban los pensamientos en la profundidad de una intimidad personal oscura, triste, incrédula.

01 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.

Alguno seguro prefirió sedarse mentalmente para no torturarse con algo que no tenía remedio. Con toda la expedición ya ubicada en sus respectivos asientos, en la fila número uno del avión, con la intimidad de tener a la derecha a su mujer y a la izquierda a un compañero de la junta directiva, no había consuelo para el líder de un proyecto que no acaba de encontrar la recompensa merecida: Horacio Gómez, el presidente del Celta, ocultaba su rostro entre ambas manos tratando probablemente de ocultar un llanto sin fin. Víctor Fernández había asumido en el campo el papel de consolador y quizá fruto de su experiencia en varias finales vividas, mantuvo la compostura con un gesto de frialdad que seguramente disfrazaba su decepción interior. En un grupo tan numeroso siempre hay alguno que trata de quitarle hierro a la tragedia, porque la vida sigue. En 1994 Pachi Salinas había asumido su calidad de líder, su carácter abierto, para transmitir a sus compañeros un ánimo imposible. Ayer, Karpin fue el único que consiguió levantarse de su asiento durante todo el vuelo y dirigirse a algunos miembros de la expedición, fue el que tras aterrizar, más efusivamente se dirigió a casi todos los compañeros en el momento de la despedida. Repartió abrazos por doquier en la zona de recogida de equipajes. Fue un momento emotivo, como lo fue también para todos comprobar como a pesar de la derrota, el celtismo sabe perdonar y seguir apoyando al equipo. Un centenar de personas se presentaron en el aeropuerto de Peinador antes de las tres y media de la madrugada para ovacionar a los subcampeones. ¿Qué decían? Difícil saberlo. La mezcla de la decepción y la emoción por el recibimiento le dejan a uno los oídos sordos ante los gritos de ánimo brindados por los vigueses. No consiguieron despertar de su tristeza dos de los jugadores más emblemáticos, Mostovoi y Gustavo López. Horacio Gómez consiguió variar su semblante y saludó a los presentes con una mirada que decía: «No renunció a seguir luchando por lograr ese título que nos merecemos. Gracias por todo». Decían en Sevilla que la afición del Betis, ha cambiado, ya no está con el equipo «manque pierda», como antes. El celtismo dio una lección soberana.