CELTA / FINAL DE LA COPA DEL REY
01 jul 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Lo que iba a convertirse en la gran fiesta del celtismo, la mayor de la historia del club vigués, una gran juerga hasta el amanecer se vino abajo con el tercer gol del Zaragoza. Cayó como un gigantesco castillo de naipes sacudido por el más devastador de los terremotos. Muchos de los aficionados que presenciaron el partido en el auditorio de Castrelos y en los bares y cafeterías próximos a la Plaza de América optaron por volver en silencio a su domicilio, pero no todos. Fuerzas de flaqueza Miles de vigueses sacaron fuerzas de flaqueza, ignoraron el desconsuelo y demostraron que el Celta tiene una afición que es capaz de estar con su equipo hasta en los momentos más trágicos, en los más dolorosos. Sin dudarlo se dirigieron a la plaza de América, afinaron sus gargantas y desplegaron una vez más las banderas. Con un puñal clavado en lo más profundo del alma corearon sin descanso el nombre del Celta y, de manera más que encomiable, agradecieron a su equipo todo el esfuerzo y el buen juego que desplegó este año en Liga, Uefa y Copa del Rey. Más de doscientos incondicionales se zambulleron en el agua expresamente preparada para el baño de multitudes y al grito de «¡No nos mires, únete!» y «¡Campeones, campeones!» invitaron a todos los congregados alrrededor de la plaza a participar en la fiesta y a recordarles que dentro de unas horas seguían teniendo una cita con sus desconsolados jugadores en Peinador. Presumir de afición Es verdad que el equipo celeste sigue sin títulos en sus vitrinas, pero sin duda puede presumir de tener una de las mejores aficiones de España.