BALONCESTO
26 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.El padre Julián quedó anteayer con el seleccionador en Sevilla. Se reunió con un viejo amigo del Maristas de Málaga. Sus planes, misa y celebración acompañado por Javier Imbroda, el melillense que hace diecisiete años compartía cancha y clases con los chicos de su colegio. Y es que Melilla también existe. Se les olvidó a las burbujas de cava, pero lo recuerdan los balones de baloncesto. Ni el Real Madrid, ni el Barcelona, España. Imbroda defiende su sueño a lo Camacho, pero con humor. «España cañí», afirma entre risas. Cuarenta años, todo un clásico de las bandas de la ACB. De centrocampista de un equipo de Tercera a entrenador con carácter del combinado nacional, pasando por la posición de base. «Lo mío siempre ha sido pensar», explica. Pero no le da vueltas a su nueva responsabilidad. «Cuando ganas, el éxito es de todos y cuando pierdes, la decepción es del seleccionador», reconoce, «pero la presión añadida se asume». ¿Y para que la asuma el equipo? «Mentalidad y dedicación, porque física y técnicamente no hay nada que envidiar». El fundador de la gran fábrica de jugadores de España -la cantera del Unicaja de Málaga-, lamenta que se facturen escasos productos autóctonos: «De los cuatro primeros equipos de la ACB, ¿cuántos son de aquí?». La solución, «aprender a preparase en este marco, porque lo de cambiar las normas es un debate inútil». Sus artículos de lujo, los júniors de oro. «Pero no se les puede robar el derecho a equivocarse», advierte. Mientras aterriza, sólo apuesta por la victoria. ¿También ante los americanos? «Por supuesto», dispara antes de la carcajada. «No, hay que ser realistas, pero ir siempre a ganar». De momento, todo le queda lejos, hasta el Europeo de agosto. Y cuando se le pregunta por la próxima Olimpiada suelta un «¿¿Atenaaas??» y bromea con otro «iré como espectador» para no cometer pasos en su nuevo cargo.