DEPORTIVO La suerte, la misma negra suerte que se asomó por el estadio de Riazor el día que lo visitó el Real Madrid impidió la machada. ¡Qué partidazo tan espectacular hizo el Dépor anoche!, pero la losa de Elland Road fue demasiado pesada. Los blanquiazules demostrar que son todavía más equipo que un Leeds rocoso, serio y bien armado, que supo administrar, aunque con apuros, la ventaja adquirida en su estadio en el fortín gallego. Pero para el recuerdo quedará la brillante campaña del campeón de la Liga española, un novato en la Liga de Campeones, y la memorable actuación ante los británicos.
17 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.Víctor, un afilado estilete por la banda; Romero, Naybet y Manuel Pablo, otros tres atacantes más; Djalminha, de director de orquesta, y Fran, excepcional. El Deportivo dio todo un espectáculo ofensivo que el colegiado italiano zanjó antes de tiempo. El Dépor movió al Leeds como quería Irureta, por las bandas. Sólo así se supera la pegajosa y ordenada presión británica. Pero los centros tenían la dificultad añadida de superar las altísimas torres rivales. Y el Dépor lo consiguió, y creó peligro tanto en el área del Leeds como desde el exterior, en varios disparos que no entraron porque la diosa fortuna no lo permitió. Makaay, Fran y Romero enviaron tres balones a los palos. Djalma es gélido y sólido por dentro como un iceberg. Toma carrerilla, camina despacito y con la vista en el portero; después aguanta, aguanta y aguanta hasta que Martyn se va al suelo. Sólo entonces dispara hacia el lado contrario, y la bola hace senderismo hacia la red, mansamente, a velocidad de crucero. Soberbio y esperanzador. Quedaba todo un mundo. Mauro Silva contra todo el centro del campo del Leeds. Parecía una lucha desigual. La práctica demostró que lo era, pero en perjuicio de los ingleses. El brasileño aguantó y se bastó para mover al equipo, proteger a sus centrales y ayudar a Manuel Pablo en su pugna con Kewell. Los ingleses jugaron apretados como melón en maceta. Abrirlo no era asunto sencillo. Y tres veces, mucho menos. Dacourt y Batty estrecharon el cerco sobre Djalma; O''Leary sabía dónde tenía que doblar la guardia. Con el brasileño muy vigilado, Fran eligió el mejor día para recuperar su buen tono. El jugador de Carreira hizo un partido formidable. Mills, superado claramente por O Neno, le hizo un harakiri al orgullo y ya no la rascó en toda la noche. Y si Djalma es el arte, Fran es la inteligencia. Qué listo estuvo para sacar esa falta sorpresiva y esperanzadora, que Valerón le puso en la bota a Diego Tristán en el segundo del Deportivo. Los denodados intentos de última hora, a la desesperada no tuvieron el premio merecido.