DEPORTIVO
09 abr 2001 . Actualizado a las 07:00 h.La pregunta es si el guipuzcoano Miguel Ángel Pérez Lasa ha tenido algún trauma infantil en A Coruña. De lo contrario, es difícil de entender la tirria que ha cogido al Deportivo en los últimos tiempos. En la memoria de los blanquiazules está todavía el golazo de cabeza que anuló a Songo''o en la última jugada del Numancia-Deportivo, en la pasada campaña. Sólo él sabe a estas alturas por qué privó al camerunés de su primer tanto como profesional, y al Deportivo, de un punto que -por fortuna- no fue necesario finalmente para la consecución del título de Liga. Pero aquélla fue la penúltima broma del árbitro a la afición coruñesa. La última llegó anoche, cuando abrasó al Deportivo en una actuación desigual, a la que el calificativo casero le queda muy corto. La expulsión de Djalminha, bastante rigurosa, viene precedida de un arsenal de patadas por parte de los jugadores del Zaragoza que tenían un solo destinatario, el astro brasileño. Djalma soportó estoicamente las caricias de los zaragocistas Acuña y José Ignacio, que lo machacaron a coces. Nada más empezar el segundo tiempo, tan sólo dos minutos antes de la expulsión del deportivista, Djalma recibió dos patadas espectaculares que no merecieron, a juicio de Pérez Lasa, ni la cartulina amarilla. ¡Una vergüenza! De poco valió al deportivista aguantar durante unos minutos una visible cojera, producto de las aterradoras entradas de sus marcadores en La Romareda. Al brasileño se le quedó cara de incredulidad cuando el guipuzcoano le mostró la roja directa en la primera acción dura que realizaba. ¿Y qué se puede decir del segundo gol del Zaragoza? La incursión de Esnáider viene precedida de una falta sobre el central César por parte del futbolista argentino, que elude el salto para obtener ventaja de la acción con el consentimiento del trencilla. No fueron las únicas acciones con influencia del colegiado, que se hartó de cortar el fútbol del Deportivo cada vez que podía acarrear peligro.