Cuatro años vertiginosos

JOSÉ M. FERNÁNDEZ A CORUÑA

DEPORTES

El milagro de los panes o los peces o como transformar un modesto club, con apenas 300 millones de pesetas de presupuesto, en un emergente equipo capaz de alcanzar los 4.300 actuales. De 3.800 a 15.000 socios. Y todo en apenas cuatro años, precisamente el tiempo que el empresario Fernando Roig (54 años) lleva al frente del Villarreal. «No hay milagros. La clave es la ilusión; desde la modestia podemos crecer», afirma de forma contundente Roig. El presidente del Villarreal, hermano del polémico ex-presidente del Valencia Francisco Roig, es también el propietario de Pamesa, una firma azulajera, con unos 1.000 empleados y que el año pasado facturó casi 22.000 millones de pesetas. Ni siquiera el aparentemente traumático descenso a Segunda División en la temporada 1998-99 removió los cimientos de un club que lucha por meterse en los puestos que dan acceso a la Copa de la Uefa y que no ha perdido de vista los de la Liga de Campeones. Con poco más de 40.000 habitantes, Villarreal compite en la zona noble de la clasificación. ¿Y el techo? «No nos ponemos metas, tenemos a toda una provincia con un elevado nivel económico detrás», sostiene el presidente. La pelotita a veces no entra: «Descendimos y tampoco nos pusimos nerviosos, incluso en Segunda levantamos la Ciudad Deportiva». Y ese es precisamente el mayor orgullo de Fernando Roig: unas instalaciones de 75.000 metros cuadrados, con ocho campos y una inversión de 1.5000 millones. Estructuralmente, el Villarreal no guarda paralelismos con otros clubes de fútbol, ni siquiera con el Parma -otro equipo que ha crecido alrededor de una ciudad relativamente pequeña y una gran empresa-, aunque Fernando Roig sostiene que el modelo es similar al que implantó hace diez años en el Pamesa de baloncesto, club que preside su hermano Juan: «Una gestión basada en la sencillez y la eficacia». El presidente del Villarreal no oculta que pese a que se deja aconsejar por sus asesores -Paquito, el hermano del ex-jugador de la Real López Ufarte o su hijo Fernando-, finalmente es su olfato el que decide. Así fue cuando incorporó al capitán del Boca, Cagna -700 millones de pesetas-, a Arruabarrena -800-, a Víctor -1.200-, a Jorge López, a Unai -300 millones- y, sobre todo, a Martín Palermo. De cualquier forma, el club cerrará el ejercicio con pérdidas que el propio Roig estima en unos 400 millones de pesetas. «Habrá que asumirlo», afirma. ¿Otra de las claves?