El Villa Park empequeñece a una miserable selección española

Fernando Hidalgo Urizar
FERNANDO HIDALGO BIRMINGHAM

DEPORTES

La Inglaterra del debutante Eriksson avasalla al equipo de Camacho En un majestuoso marco, España no dio la talla. El Villa Park es demasiado bello para un partido tan apestoso. El equipo que entrena Camacho perdió ante Inglaterra el encuentro y buena parte de su crédito. La selección exhibió un fútbol penoso, impropio de un país cuyos clubes dominan el continente. El técnico de Cieza debe reflexionar y tomar decisiones que acaben con un equipo sin orden, incapaz de lucir la calidad que se le supone y huérfano de guerra.

28 feb 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

Cuando España llegó el lunes a Birminghan, un policía inglés buscaba con ahínco al madridista Morientes para que le firmara un autógrafo. Estaba despistado. Como lo estaba la selección sub 21 británica, que el martes no se enteró ante el primoroso juego de los de Iñaki Sáez; y como el chófer del autobús que llevaba a la prensa española, que apenas sí conseguía acertar una dirección correcta. Toda Inglaterra parecía estar en Babia. Y así empezó el equipo del debutante Eriksson. España dominaban el balón. Lo hacía con indolencia, pero con una aparente e insultante superioridad. No obstante, el tuya y mía que trazaban Helguera y compañía sólo conseguía un objetivo: aburrir a una hinchada que casi llenaba el estadio. El rival no hacía daño y la selección se conformaba. Gran error. Entre bostezo y bostezo, Owen demostró su calidad. Dio ese pase que España no había conseguido hasta entonces. Barmby fue su beneficiario y sacó petróleo de las dudas en la salida de Iker Casillas. Fue el punto y final al despiste inglés y el principio del calvario español. A partir de entonces, casi todo el equipo español fue una oda al despropósito. Urzaiz, torpe y apático, no generaba espacios. ¿Raúl? Helguera y Guardiola ni se encontraban ni se buscaban. Y lo peor, Inglaterra recuperó su identidad. Hasta el descanso, Casillas enmendó su error en el gol con dos paradas de mérito. Pero nada hacía presagiar que la situación mejoraría para España. Quedaba la esperanza en los cambios. La segunda parte sirvió para divertimento de una entregada parroquia. Casillas volvió a pifiar en una salida y cayó el segundo tanto, que daba carpetazo al partido. El tercero no tardó en llegar. Y quedaba por delante todo un mundo de sufrimiento. Con el encuentro sentenciado, lo único que quedaba por ver era cómo lo hacían los debutantes, además de un individuo, que a pesar de la temperatura bajo cero, se paseó desnudo por el campo. Aceptable el papel de los debutantes: Unai Vergara, que jugó como titular, cuajó un encuentro esperanzador, aunque con algún que otro error; y Javi Moreno peleó lo indecible arriba, remató cuando pudo y hasta tuvo la oportunidad de marcar su primer gol con la selección, pero su lanzamiento de penati fue como el juego de España: malo, muy malo. Uno de los pocos jugadores que se salvó de la quema fue el deportivista Manuel Pablo, que sin cuajar un gran encuentro, demostró que la banda derecha de la selección difícilmente será de otro. Por su parte, Romero, que ayer también fue titular, tuvo una actuación más discreta. El tercer blanquiazul, Víctor, coincidió con sus compañeros en el terreno de juego, actuó en la segunda mitad y poco pudo hacer, aunque estuvo a centímetros de marcar, pero llegó un poco tarde al balón.