FÚTBOL / CELTA El Celta puso fin a su racha de diez partidos consecutivos sin ganar en la Liga con un triunfo mínimo y muy trabajado frente al Osasuna. Con esta victoria, el equipo vigués consigue una bombona de oxígeno para respirar más tranquilo en los próximos compromisos.
28 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.La primera misión era horadar la muralla que Lotina diseñó en el Osasuna: cinco defensas y tres centrocampistas, todos ellos muy juntitos arropando el área. El estilo del equipo navarro es muy diferente al del Zaragoza y a los célticos les costó más entrar en el partido. El primer detalle fue de calidad. Como no, de Mostovoi. El segundo de ganas, de Vágner. Ambos fueron los líderes hace una semana y pretendían tener continuismo ayer. Las dudas estaban en la defensa y pronto se pusieron de manifiesto. Ausente Cáceres, faltaba un líder carismático que pusiese orden atrás. Berizzo y Yago formaban un tándem inédito. Un error en la entrega de Yago le ofreció al Osasuna la primera ocasión del encuentro, que evitó el larguero a disparo de Álex Fernández. Revulsivo Fue el revulsivo que despertó a los celestes y animó el partido, ya que en el siguiente plano llegó un centro de Gustavo López por la izquierda, al que no llegó Catanha y que remató Karpin como si fuese un aficionado del fútbol cuando el meta Nuno estaba ya batido. El ruso estrelló el remate en el único defensa que tenía delante. Toma dos: Gustavo López vuelve a centrar desde la izquierda treinta segundos después del fallo de Karpin y en esta ocasión encuentra la cabeza de Catanha en el segundo palo. El testarazo del hispano brasileño obliga a lucirse a Nuno, que ayudado por la madera evita el primer tanto del partido. Fue una posibilidad virtual, porque los célticos no tardaron en entrar en la apatía, en la ausencia de fluidez. Tan sólo Vágner mantenía el tipo. Y sin el marcador a favor, los nervios cobran protagonismo. Una nueva indecisión defensiva permite que los pamplonicas vuelvan a poner el corazón de Balaídos en un puño. La jugada se fabricó en la línea de fondo, un centro de Gancedo, encuentra a Iván Rosado que se adelanta a la salida de Cavallero y envía un globo que tiene que sacar de la raya de gol Juanfran ante la presión de Lekumberri. A la grada ya le cuesta animar. Le falta una inyección de buen juego. La situación la agrava Juanfran que busca su expulsión y es perdonado por García Aranda, cuando protestó la tarjeta amarilla insistentemente al colegiado. El lateral se ganó la enemistad de Balaídos y la reprimenda del entrenador y sus propios compañeros. El partido se volvió loco antes del descanso. Toma tres: centro de Gustavo López y Catanha, atento ante el error en el despeje de la zaga del Osasuna, remata ante la salida atenta de Nuno, soberbio. Catanha no tenía su tarde, pues justo antes del intermedio desperdició una asistencia magistral de Mostovoi. La reanudación trajo el ansiado gol, que llegó con la aparición de una especie que parecía en extinción, la conexión rusa Karpin-Mostovoi. El primero consiguió irse por primera vez por la banda derecha y envió un buen centro que Mostovoi remachó en dos tiempos. Hace no mucho, cuando el Celta se adelantaba en el marcador, pocos equipos eran capaces de dar sensación de poder meterse en el encuentro. Ahora es diferente, y ayer se demostró de nuevo. El Osasuna dio sensación de que el empate podía llegar en cualquier momento. Y pudo hacerlo en un penalti que cometió Yago sobre Armentano, que lanzó Sabino, pero que se encontró con el parapenaltis Cavallero. Faltaban diez minutos y los célticos acabaron pidiendo la hora. Lo mejor fue la victoria, que llegó una vez más de la mano de Mostovoi, aunque el equipo celeste sigue en la misma posición.