Al borde de la hecatombe

JUAN VILLAR VIGO

DEPORTES

XULIO VILLARINO

El Leganés marcó a falta de diez minutos y llevó la psicosis a los célticos El Celta ya está en cuartos de final de la Copa del Rey después de haber eliminado al Leganés, pero sin mostrarse superior a los madrileños, que luchan por no descender de Segunda División, en ninguno de los dos partidos. El Leganés marcó a falta de diez minutos y estuvo a punto de provocar una hecatombe en el club céltico.

18 ene 2001 . Actualizado a las 06:00 h.

El Celta habría afrontado el partido con actitud de trámite si no fuese porque la situación del equipo en la Liga no está como para permitirse relajamientos. Había que darle un caramelo a la afición, los pocos celtistas de pura sangre que ayer asistieron a Balaídos, para hacerles olvidar la cruda realidad. Nadie esperaba ayer un disgusto, pero en la situación actual cualquier susto puede convertirse en psicosis. Y el modesto Leganés, que necesitaba dos goles para remontar la eliminatoria, que reservó a varios de sus titulares, fue capaz de ponerle la piel de cordero al Celta. Los madrileños realizaron el primer lanzamiento a puerta, por mediación de Cárcel, sin puntería y desde larga distancia. Los celestes ofrecieron una tímida respuesta con un remate de Jesuli dentro del área absolutamente desviado, y con un golpe franco directo desde bastante distancia y escorado a un lateral que envió Tomás con mucha intención a la misma cruceta de la portería defendida por Tito. El gol no llegaba y el Celta tampoco acababa de hacerse con las riendas del encuentro ante un Leganés que no tenía nada que perder y que se agazapó muy bien esperando cualquier mínima oportunidad para salir al contragolpe. Y lo hizo, sin demasiado peligro, pero mostrando su capacidad de aprovecharse de cualquier despiste. Pinto tuvo que intervenir en dos ocasiones consecutivas, primero a remate de cabeza de Alex, y a renglón seguido en un lanzamiento desde fuera del área pero con mucha potencia y colocación de Maku. Terreno encharcado El terreno de juego se fue poniendo impracticable por el chaparrón de agua caída en apenas unos minutos. El balón sólo podía moverse por impulsos y el fútbol brilló por su ausencia. Estas condiciones suponían un rival más para los célticos. El Leganés, sabedor de las debilidades aéreas del equipo vigués empezó a abusar del envío de balones elevados en busca de alguna cabeza. Las jugadas a balón parado contra la portería de Pinto eran motivo de sufrimiento. A pesar del empate inicial, el tiempo jugaba a favor del Celta. Pero los sustos siguieron en el segundo tiempo, y el zaireño Maku buscó la esquizofrenia local con un remate al poste que pudo haber adelantado a la escuadra pepinera. Era difícil que se escapase el objetivo de pasar a cuartos de final, pero el honor celeste corría el riesgo de quedar seriamente mancillado. La pelota se movía a estas alturas de partido con más asiduidad en el área céltica que en la madrileña. Y el miedo tenía que llegar. A falta de diez minutos marcó Maku para el Leganés. La hecatombe estuvo al borde de surgir.