El Celta se desquicia

JUAN VILLAR VIGO

DEPORTES

XULIO VILLARINO

La crisis nunca llama dos veces. Son ya seis partidos consecutivos los que el Celta lleva sin ganar y la situación comienza a convertirse en seriamente preocupante. El Celta desperdició ayer dos ventajas, pero lo cierto es que el Mallorca fue superior y sufrió la anulación de tres goles de los que uno fue claramente legal. Por eso, dentro del mal, el menos. Al Celta le faltaba soltura en los primeros compases del encuentro. Las piernas estaban como atenazadas. Esa tensión provocada por la importancia del envite colaboró a ceder el control del partido a los visitantes.

17 dic 2000 . Actualizado a las 06:00 h.

El Mallorca trató de sacar rendimiento a su exquisito orden con las primeras aproximaciones. Las acciones a balón parado causan pavor en la zaga y Luque está a punto de conectar un cabezazo venenoso en la primera jugada destacada del partido. El estado del terreno de juego, tan arenoso que frenaba el balón en su rodaje, jugaba en contra del espectáculo, y de los defensas. Incluso los baleares, en un estado de relajación contrapuesto a la tensión céltica, se complicaron la vida al intentar sacar controlado el balón desde atrás. Karpin le robó el cuero a Nadal, y su cesión a Catanha no fue aprovechada por el ariete. Los mismos protagonistas encontraron la solución para alejar fantasmas, al crear la jugada del gol que abrió el marcador: Karpin recibe al borde del área y busca el hueco por encima de la zaga balear, para que Catanha, atento, ponga punto y seguido a su racha goleadora en Balaídos. Fue un bálsamo sin efecto, pues la sinfonía sobre el césped seguía siendo la misma: el Mallorca continuó con el mando del balón ante la falta de referencias en el juego celeste. La alegría fue tan efímera, que a los nueve minutos del tanto de Catanha, el Mallorca sacó fruto de su primer remate para devolver la igualada al resultado. Fue Ibagaza que se aprovechó en medio de una multitud de defensores de un pase de Engonga. Poca confianza Este gol rompió la confianza céltica y pudo provocar un estropicio del que se libró el conjunto vigués por la anulación de dos tantos de manera consecutiva, debido a la señalización de sendos fueras de juego de Luque y Finidi. La reacción llegó por la principal vía ofensiva celeste, la banda de Gustavo López, que tras dejar a Armando atrás envió un centro medido a la cabeza de Catanha, cuyo remate a bocajarro fue interceptado entre Leo Franco y el poste derecho de su portería. Con todo el encuentro por escribir, la situación indefinida se prolongó después del descanso, aunque los pupilos de Víctor Fernández salieron más dispuestos a hacerse dueños del balón. La espesura seguía siendo la misma, pero la actitud era claramente ganadora. Los de Luis Aragonés no tuvieron más remedio que replegarse. Fueron los mejores minutos del Celta a lo largo del partido de ayer, pero fue un dominio completamente infructuoso.