El cuadro vigués empató sin goles un partido en que fue superior al Shakhtar Desde ayer el este tiene un nuevo sentido para el Celta. El marcador, que fue de empate a cero, es lo de menos lo importante es que el cuadro vigués sobrevivió a dieciséis grados bajo cero de temperatura y a una estancia en Donetsk que sirvió para rechazar Ucrania como lugar de vacaciones. El cuadro vigués saltó al campo con la totalidad de sus jugadores enfundados con guantes, aunque sin mallas. Esto era lo normal, pero lo increíble fue que Cavallero cumpliese su promesa y desafíase con sus mangas cortas y según él «corazón caliente».
23 nov 2000 . Actualizado a las 06:00 h.Esta actitud intimidatoria debió de contagiar a sus compañeros que en los diez primeros minutos recuperaron una alegría de antaño, la de crear ocasiones de gol. Dos veces McCarthy y otra Catanha desperdiciaron hasta tres posibilidades claras de marcar. Esto también recordaba al pasado cuando en Vigo se hablaba de la necesidad de un goleador que visto lo visto aún no ha llegado. El Shakthar estaba espeso y descontrolado al comprobar que la osadía del rival era suficiente para que ellos se cansasen de correr detrás de un balón al que no estaban autorizados a tocar. La jugada en la que esto pudo cambiar fue en un exceso de confianza de Cavallero que concedió a Bielik un inesperado regalo. La forma de fallar del delantero ucraniano resultó aún más contundente. Batalla en el centro Los celestes habían estudiado al rival y su capacidad y punto fuerte en el medio campo. Ahí es donde se libró la batalla. Giovanella llevaba la conducción de la máquina «quitahielos» y Karpin más acostumbrado a estas latitudes apoyaba al doble pivote, aunque en perjuicio de sus apariciones por la banda. El problema de los célticos es que según como caía la noche, Catanha y McCarthy se convertían en sendos bloques de hielo. La forma de picarlos la resolvió Víctor Fernández con la sustitución de ambos. Esa acertada decisión marcó el partido, porque después de un inicio del segundo periodo en el que los ucranianos se vieron jaleados por su público, en la última media hora la tónica volvió a ser viguesa. Pablo Couñago demostró que necesita algo más de confianza y Jesuli que hasta un andaluz puede jugar al fútbol en Ucrania. Su presencia en el campo fue como un soplo de aire fresco, y tiene guasa la expresión con este día, y revivió las esperanzas de que el Celta obtuviese una trabajada victoria en tierras ucranianas. Un gol anulado injustamente a Couñago, por un presunto fuera de juego, lo impidió. El Shakthar Donetsk empezó a ver el peligro de acabar perdiendo la eliminatoria antes de tiempo y prefirió guardar sus mejores intenciones para dentro de dos semanas en Balaídos y poder pasar así una semana de concentración en España, que aunque sea diciembre nunca ni en Zamora será Ucrania.