Figo regateó al Deportivo

La Voz

DEPORTES

Severo correctivo del Real Madrid a un equipo sin ambición en ataque Es un prestigitador del dribling, nadie puede ponerlo en duda. El quiebro con que Figo clavó a Mauro sobre el parqué del Bernabéu es de escuela de fútbol, la obra de un futbolista virtual. Raúl, solo, habrá recibido pocas veces un pase de la muerte tan letal. De hecho, tardó en llevar a la red el 1-0 porque no se lo creía. El Madrid abrió la celda del Deportivo para poner en duda la presunta compacidad que los coruñeses habían exhibido hasta ayer. El Bernabéu se sigue resistiendo.

15 oct 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

ALFONSO ANDRADE MADRID. Enviado especial Todavía es una celda de castigo para un Dépor sin ambición, que disparó un par de veces a puerta en todo el partido. Perdida la condición de invicto, es hora de conocer su capacidad de reacción. El portugués mató el sueño de gloria del Dépor, bien plantado inicialmente en el Bernabéu. Las ayudas de los pivotes a los laterales maniataron al Real Madrid hasta que Figo aprovechó un error de cobertura, producto de una pérdida de balón. La lesión de Fran restó mordiente ofensiva a un Dépor que apenas asustó a Casillas y que ofreció escasísimas soluciones en ataque. A la vista quedó ayer la necesidad que el equipo tiene de Makaay, y no sólo por los goles. Tristán sigue viviendo en fuera de juego. Los tres pivotes del Dépor se impusieron a los del Madrid hasta que el gol en contra permitió al Real buscar directamente las bandas a la contra. Hasta ese momento, el público pitaba a Flavio y a Makelele. Con muchas pérdidas de balón, los dos eran más problemólogos que solucionólogos, que diría Valdano. En una de esos errores se le apareció la Virgen a Tristán, pero no hubo milagro. El quiebro a Casillas no se había fabricado en Portugal. Con el marcador en contra, la velocidad de Munitis, Figo, Guti y Roberto Carlos empezó a causar estragos en una defensa con errores de concentración que motivaron un penalti en contra y varias ocasiones claras de gol, como la que supuso el tercero, de Guti. El resultado pudo ser incluso más amplio. Las estiradas y acertadas salidas de Molina abortaron las incursiones de Munitis, las entradas de Raúl y hasta un maravilloso intento de vaselina de Figo. Éste, además de un gran futbolista, también es un marrullero de alto copete. Su habilidad es notable para dar el palo y esfumarse sin ser visto. Ayer volvió a abrasar a Romero a empujones y patadas. Su fútbol es más terrenal cuando le interesa parar el juego.