El Deportivo derrotó con comodidad al Girondins en el Trofeo Juan Acuña Sin cafeína. El Deportivo tomó el último sorbo de su preparación liguera con triunfo ante el Girondins en el Trofeo Juan Acuña. Irureta escogió el as de rombos para el centro del campo de la baraja deportivista.
31 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Y el encuentro comenzó sin grandes apuestas, ni riesgos, como requiere la pretemporada. Con el juego estancado en la zona ancha del campo. Pases imprecisos que a menudo se escurrían por el resquicio de la pretemporada. Pero el juez del fútbol, el gol, decretó con prontitud que se iba a romper la premonición de empate a cero. Fran marcó al aprovechar un rechace tras un remate de Tristán. Y es que el Niño, perdón, O Neno, quiso contradecir las predicciones de la Nasa, aunque sus acciones no fructificaran. Romero, con la ayuda de Djalminha, quiso reanimar el partido con masaje cardiorrespiratorio a base de internadas y pases, que en general se quedaron huérfanos en la línea de fondo. La banda izquierda comenzó a convertirse en el precipicio de los franceses. De hecho, cayeron al vacío Bugnet y Legwinski. La zona derecha, prácticamente inédita, con Bonissel entre sus espectadores. Mientras, en el centro de campo transcurría el aburrimiento ante un equipo galo que representaba más bien a la resistencia que a la revolución. Diabate le devolvía a Djalma la provocación y algún que otro manotazo a cambio del buen juego del brasileño. Y el encuentro continuaba en la rutina de bolo veraniego aderezado con alguna internada de Pandiani, que finalmente se ahogaría en sus propios regates, y con las escapadas de Tristán, frenado por De Roche con métodos a menudo expeditivos. Como el que fue castigado con una falta a varios metros del área. El público pidió la estocada de Djalma, pero el arte se dosifica y Roux, el meta galo, con modelo rouge detuvo el disparo. Sin novedad en el frente, llegaba la segunda parte, en la que Irureta sacó cartas nuevas: Schurrer, Valerón y Turu. Del binomio de los dos últimos surgió un fracaso estético en los minutos iniciales. Valerón dejó al argentino solo ante la portería francesa y la soledad se le hizo más grande que la meta. Valerón demostró alguna que otra píldora de calidad. Y el Dépor, derrochaba alguna que otra oportunidad que disfrazaba el aire sonñoliento del choque. Turu y Tristán se empeñaban en asustar a Roux sin llegar a más agravios. Pero el argentino se enmendó y engatilló un pase de Emerson.