Los penaltis otorgan al Celta el Ciudad de Vigo

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Cavallero, que paró una pena máxima, volvió a ser decisivo El encuentro de anoche ofrecía pocos atractivos al espectador céltico y confirmó en parte esos augurios cuando el Oporto se quedó con diez hombres tras la expulsión de su portero. No obstante, a última hora saltó la sorpresa y los aficionados celestes pudieron contemplar en acción al nuevocentral Yago y al lateral Manolo. La actuación de ambos fue correcta teniendo encuenta que apenas han descansado en las últimas horas.

30 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El último atractivo estuvo centrado en la posición que ocupó Vagner, en la media punta. Esta ubicación parece más ajustada para sus características y, a medida que fue transcurriendo el partido, Vanger fue gustando al graderío. Respecto al partido, fue el típico amistoso agravado por la ausencia de nueve jugadores en el bando céltico. Hasta el minuto 30, los detalles individuales atenuaron la falta de compenetración de los rivales. Así, el público pudo aplaudir algunos buenos detalles de Doriva abriendo el juego, o el desmarque de Jesuli, que provocó la expulsión del portero portugués. Aún así, el Celta dio más sensación de equipo conforme iba avanzando el tiempo. Tras la breve lesión de Vagner, el brasileño asumió su papel de creador y comenzó a buscar el balón para repartir juego tanto a la banda de Jesuli como hacia la punta ocupada por Catanha. El andaluz se movió con habilidad por su banda pero, salvo en la jugada de la expulsión del portero del Oporto, no logró superar a los defensas contrarios. Ya al final de la primera parte llegó el momento más espectacular. Vagner abre un hueco perfecto tras la defensa lusa para que Jesuli coloque en la cabeza de Catanha un balón oportuno. El brasileño, a pesar de cabecear en plancha perfectamente, no lo quedó otro gesto que desesperanza ante la parada del portero rival. La segunda parte comenzó con una autopase de Vagner que levantó al público de la grada. El paulista quiso gustar y puso empeño en ello. Los dragoes también quisieron probar los reflejos de Cavallero y Clayton lo obligó a lucirse en un balón envenenado. Con la sustitución de Giovanella por Mena, Jesuli se hizo cargo de la media punta y Vagner retrasó su posición al medio pivote. Quien más le agradeció el cambio fue Jesuli, que pudo moverse más libremente ante la defensa contraria. Hasta el final, el partido se ensució con muchas faltas y algunas jugadas de peligro por parte del Celta. Al final, como en el trofeo Quinocho, los penaltis resolvieron la propiedad del Ciudad de Vigo. Cavallero violvió a ser decisivo en los penaltis, aunque en esta ocasión no logró transformar la pena máxima que lanzó. Al final, los portugueses pagaron la precariedad futbolística demostrada en el campo y los nueve metros hicieron justicia con los noventa minutos en los que si alguien puso voluntad de ganar fueron los jugadores del Celta.