El líder empieza a flaquear

A. HERRÁN LUGO

DEPORTES

PRADERO

CICLISMO / VOLTA A GALICIA En apenas cuatrocientos metros, en uno de esos tramos minúsculos perdidos en el libro de ruta, la Volta se dejó de coqueteos con todo el pelotón y se insinuó a sus pretendientes. En ese último repecho, Etxebarria, que ya había tomado la delantera al advertir la pancarta de último kilómetro, hinchó su musculatura, puso a crujir su blanca dentadura y afiló sus pómulos saltones de marfil rivaldiano para ir anticipándose a la jugada.

16 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

El corredor vizcaíno, risueño y fornido como un pelotari, como corresponde a un bravo corredor de la fantástica cantera vasca del Baqué, casi deshuesó al líder. Teteriouk dio muestras de flaqueza individual y desnutrición colectiva en Lugo. El Vitalicio movió el árbol en un emocionante gesto de gran ciclismo, aunque al final no cayó fruta, tan sólo el líder se precipitó de la copa de favorito hacia ramas más humildes. En el kilómetro 86, Beloki, tercero en el último Tour y gran atracción de la ronda gallega, abrió su caja torácica para subir pulsaciones y notó un latigazo por las molestias en una costilla que arrastra desde la cita gala. Así que echó pie a tierra. La etapa se amoldó al guión previsto. Todos aguardaban una escapadita en su primera entrega y trisca para dar y tomar desde el alto de Baqueriza. Cuatro corderuelos _Peña, Gárate, Huser y Bermejo_ se dieron un garbeo por delante hasta alcanzar una ventaja de 3.23. El colombiano Peña, que el año próximo escoltará a Armstrong, persistió en la fuga ante el paulatino abandono de sus compañeros. Por detrás, el trabajo del Liquigas empezó a alinear el gran grupo. Por Fontaneira, una tachuelita no puntuable pero que bien podría catalogarse como puerto de segunda, Teteriuk estaba ya solo y empezaba a recibir el azote cruel de sus rivales. La escapada de Peña murió en Cerredo. Los corredores del Vitalicio se propagaron entonces como la fiebre amarilla: lo mismo le encendían la mecha al jersey amarillo o pegados a su estela llegaban hasta cualquier escapada entre bufidos. El terreno, pestosete él, prestaba sus curvas para la guerra. Eso sí, la carretera había mudado su aspecto con respecto al 96, cuando Jalabert dio con sus huesos en la cuneta por la gravilla de las obras en la subida a la montaña lucense, allí donde la tierra besa suelo asturiano. Perfectamente asfaltada, aunque en un par de curvas mal peraltada, en esta ocasión era una pista perfecta. Mareado por tanto viraje, Teteriouk pedía clemencia mientras agitaba las bielas en el aire como una vieja y destartalada máquina de vapor. Al kazajo le temblaban las piernas viendo a tipos como el vitalicio Mercado, un hombre que pasará a fichar por el Banesto y que en la Volta sale hasta a las motos. Los puertos de Ourense tendrán la palabra: hoy, en Santa Mariña (segunda) y mañana en Seixo (primera).