FÚTBOL / DEPORTIVO El campéon de Liga cayó ante un novel de Segunda División. ¿Una mala tarde? Sin duda. Cuando Javier Irureta se encontraba con el cuarto test para ver el rendimiento del Deportivo, se topó con tres elementos que le aguaron la tarde: un rival con superávit de motivación, relajación en sus filas y la expulsión de Schurrer.
07 ago 2000 . Actualizado a las 07:00 h.Su jornada de probaturas se convirtió así en una sesión de parches y remiendos. El ex-presidente Leopoldo Calvo Sotelo, invitado en el palco del estadio Pepe Barrera, salió con más ánimo de hacerse socio del Racing que del campeón de Liga. Aunque las medidas del recinto se antojaban cortas para llegar a portería con más facilidad, hubo que esperar a que se cumpliera el primer cuarto de hora para ver en acción al portero Aizkorreta, en un lanzamiento de Turu Flores. Era un oasis en mitad de un desierto de descoordinación en el centro del campo, con balones que morían entre las botas de los defensas ferrolanos, cuyos contragolpes dirigidos por Borja y Sanromán desesperaban a una zaga despistada que dejaba todo el trabajo al buen hacer de Donato. El minuto 21 llevó a Schurrer a los vestuarios al ver su segunda tarjeta por una falta a Villa, quien, con agilidad, le había robado el balón. El empuje racinguista recogió su fruto cumplida la media hora, en un lanzamiento de falta de Alberto que, tras dar en la barrera, descolocó a Kouba convirtiéndose en el 0-1. Pandiani hizo la guerra por su cuenta rematando de cabeza (es el delantero más hábil a la hora de saltar), pero todo desaparecía por encima del larguero (a veces incluso fuera del campo). La reanudación presentó en escena dos estructuras antagónicas: el técnico racinguista apostó por un esquema más conservador, mientras que Irureta se apuntaba a la estrategia kamikaze de ubicar simultáneamente a cuatro delanteros: Pauleta, Changui, Iván Pérez y Bassir. Pero ni así, incluso para escarnio de los arietes, era un central, Helder, quien gozaba de las mejores oportunidades, una de ellas frustrada en el larguero. Fue, sin duda, el último argumento que necesitaba el Deportivo para convencerse de que no estaría de más reforzarse con un goleador de ciertas garantías. Si Helder hacía de delantero, en defensa dio origen al 0-2, gol marcado por Sueiro después de un buen despeje de Molina. Las ocasiones sólo aumentaban la frustración de los deportivistas, impotentes ante un Racing que había renunciado al balón, pero que jugó muy motivado.