El ídolo de un barrio obrero

ALEXANDRE CENTENO Enviado especial VILALBA.

DEPORTES

CÉSAR QUIAN

DEPORTIVO Nacido hace 25 años en un barrio obrero de Montevideo, siempre soñó que un día la fortuna le sonreiría y que sus dotes futbolísticas le servirían para sacar a su familia de la miseria y disfrutar de una vida que agradecía, pero a la que le faltaba un poco de chispa.

21 jul 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Walter Pandiani, que estos días da sus primeros pasos en el Deportivo, nunca regateó esfuerzos para ayudar en su casa y, sobre todo tras la muerte de su padre _hace siete años_, se puso el buzo de trabajo y, compaginando el balompié con sus tareas como barrendero y guardia de seguridad, se labró un porvenir. Origen humilde Su vida no fue fácil. «Era feliz hasta que nos faltaba el dinero para comer y pagar la luz o el agua. En esos momentos, las penurias resultaban grandes», comenta con un rictus de emoción el nuevo delantero deportivista. Su familia, sus amigos y, cómo no, el fútbol, lo han sido siempre todo para él; por eso, mantiene unos fuertes vínculos con aquellos con los que compartió su infancia. Así, aun viviendo en una zona residencial, sigue frecuentando su barrio natal para visitar a su madre y a unos vecinos que lo adoran, «aunque algunos son de Nacional», bromea. Pero la ideología deportiva de sus amigos no les impide agradecer al Peñarol que rescatara de la pobreza y de la Segunda División a un joven goleador. Fue ése el momento en el que Walter pudo hacer su primer gran regalo a su madre: un microondas. Después de éste llegaron más agasajos, pero que «nunca pagarán lo que ella hizo por mí», subraya. Pandiani, luchador infatigable y humnilde, recuerda cuando su viejo, un humilde taxista de Montevideo, le compró sus primeras botas de fútbol, que le servirían para hacer dinero, «algo no esencial, pero que cuando no se tiene se echa en falta». Así se hizo futbolista y alcanzó la gloria en Peñarol, en la selección y confía que en el Deportivo, sobre todo para garantizarle un futuro desahogado a su esposa, Carla, a sus dos pequeños, Walter Ezequiel y Jorge Nicolás, y al varón que llegará dentro de dos meses y que espera que le traiga la suerte necesaria para hacerse un nombre en Europa.