A los pies de Zidane

M. F. A CORUÑA

DEPORTES

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Europa se vuelve a rendir ante la calidad del jugador galo, clave una vez más en la victoria de la selección francesa El Armani del fútbol se llama Zinedine Zidane. Cuando la marsellesa suena en un estadio debería acompañarse de acordes argelinos en honor a su origen. Francia, plagada de figuras que militan en ligas extranjeros y ensalzada hasta el extremo como bloque tiene un genio que le hace elevarse por encima de sus rivales. Ante los genios, no hay milagros que valgan.

26 jun 2000 . Actualizado a las 07:00 h.

Cuando los ceros se mantenían en el electrónico falló un remate con torpeza infantil. Noticia en Brujas. Pero no perdonó en su siguiente oportunidad. Abrió el marcador gracias al disparo de una falta y a la colaboración de Cañizares, lento a la hora de volar hacia la parada. Se enmendó a sí mismo y materializó en gol la clase. Quizás la estrella gala se apagó un tanto en la segunda parte en cuanto a la espectacularidad. Pero aportó la serenidad suficiente para desesperar al rival cuando se muere por un gol. Zizou eternizaba el balón en la frontal del área española. Esperaba con calma la incorporación de Vieira o Thuram. Como un robot multiusos, controla, pisa, templa, distribuye. Él marca el compás de la selección gala con elegancia de vals cuando toca el balón, con la complejidad de Bach en su visión de juego, con ritmo vertiginoso en su cambio de velocidad. El centrocampista aunó calidad para satisfacer a los degustadores sibaritas del balompié y utilidad, para saciar a los que tienen en el marcador el único Dios. Zidane y Raúl fueron ayer las caras de la comedia y la tragedia. La selección continúa siendo la asignatura pendiente de un jugador que ha alcanzado la cumbre con su club. Zidane se consagra en cada encuentro que viste la elástica gala. Mientras, Raúl probó el sabor más amargo del fútbol y vivirá hoy uno de sus cumpleaños más tristes. Tras la victoria en el Mundial 98, los franceses proyectaron sobre el Arco del Triunfo de París el rostro de esfinge del jugador. «La única vez que sonreí fue cuando levanté la Copa del Mundo», afirmó estos días. El fútbol sí le sonríe a él. Francia y Europa se pondrán de nuevo, y nunca mejor dicho, a sus pies.