FÚTBOL / OURENSE La Atlética Gramanet humilló ayer al Ourense, enterró su sueño del ascenso y terminó con los días de Alberto Argibay al frente del conjunto rojillo. El contundente 5-0 no ha dejado títere con cabeza en el seno de la entidad ourensanista.
27 may 2000 . Actualizado a las 07:00 h.El final del Ourense llegó al principio. Dos minutos y otros tantos córners fueron suficientes para enterrar al conjunto gallego. Lluis se aprovechó del despiste general de la zaga rojilla para meter la cabeza y batir a Ramón. No fue el único mazazo que puso contra las cuerdas al colectivo de Argibay. Ocho después, un disparo de Dani cogió adelantado a Ramón Ruiz y también se coló en la red. En diez minutos, llenos de facilidades defensivas y desajustes tácticos, el Ourense acababa de tirar por la borda el trabajo de toda una semana y los sueños de recuperación del ourensanismo. Y lo peor es que con el 2-0 el equipo no reaccionó, al menos lo suficiente. A base de mucho sacrificio, y en medio de una descoordinación absoluta el equipo se hacía con el balón y el dominio territorial del partido, pero nada más. Llegar al área rival era tarea imposible e inquietar a Morales, una quimera. Sólo probó fortuna Adolfo con un disparo que ni llegó a coger puerta. Descanso Con los dos goles de desventaja se fueron al descanso los rojillos, pero en capilla tampoco arreglaron nada. Quizás tuvieron un poco más de llegada en los albores del segundo tiempo, pero sin peligro efectivo. Además, cuando su labor de desgaste podía pasar factura al rival llegó el mazazo definitivo. Carolina Doménech se inventó un penalti que sólo ella vio en el piscinazo de Lluis y Cámara rompió el partido con la ejecución desde los once metros. Con el 3-0 el Ourense dijo adiós al partido y dio una imagen todavía más lamentable. Los cambios no arreglaron nada, la desconexión entre líneas era propia del colista de Tercera y el Gramanet jugó a placer. Tanto, que marcó el cuarto sin oposición con Uceda llegando desde atrás y cerró la cuenta con un quinto de estrategia. Otro central, en este caso Cámara encontró telarañas en la escuadra de Ramón. Fueron cinco pero pudieron ser más. Peor despedida de Alberto Argibay, imposible.