El cantante pablopablo enamora con su frágil belleza a un palmo de distancia del público
CULTURA
Ofreció un recital en la sala Don Giorgio de A Coruña en el que su trémulo repertorio sonó para un centenar de personas
07 nov 2025 . Actualizado a las 16:22 h.Difícilmente se podrá volver a ver a un artista como pablopablo (sí, en minúscula, no es un error) en un espacio tan íntimo como el Don Giorgio de A Coruña (que ya rivaliza con el Torgal de Ourense como pequeño gran espacio encantador para la música pop en Galicia). La prueba se encontraba en las más de 500 personas inscritas en la lista de espera de Son Estrella Galicia, por si aparecía alguna entrada. A ellas se suman las que ni siquiera lo intentaron —¿para qué, si nadie iba a renunciar?—, pero que desde casa soñaban con haber podido escuchar en directo al autor de Canciones en mí, una de las grandes revelaciones del pop español reciente.
El deseo estaba más que justificado: pablopablo ofreció un concierto delicioso. Ya había dejado una excelente impresión en julio en el Atlantic Fest de Vilagarcía de Arousa, pero en las distancias cortas —cortísimas aquí— su propuesta ganó. Acompañado por un saxofonista y un batería, el músico desplegó un repertorio que, como él mismo explicaba en una entrevista en La Voz, se reboza en el miedo de muchos hombres a mostrarse vulnerables y a querer.
En directo, esas canciones vaporosas, interpretadas unas veces a tirones y otras en trémulos susurros, consiguen una conexión tremendamente especial. No necesitan grandes gestos para llegar a la audiencia: basta el temblor, la respiración compartida y el silencio entre acordes para que la música desarmante que brote como una hermosa planta enredadera. Con ella logra comunión íntima, en la que incluso cuando el público canta, lo hace con el mismo tono que el artista. La emoción aquí se encuentra en el escalofrío interno, no en el desgarro.
En paralelo a Guitarricadelafuente, y con la mirada puesta en referentes como Bon Iver o Sufjan Stevens, pablopablo construye un universo de autosuficiencia desde la citada vulnerabilidad. Sus letras —que hablan de cremas exfoliantes en el baño que evocan el recuerdo de ella y de cómo su fantasma se aparece una y otra vez en las calles, es decir, del peso de la ausencia—, en directo, deslumbran. Abrió con ¡Dónde estás! y recorrió el repertorio de su brillante álbum, repleto de piezas que, sobre el escenario, no flaquearon pese a caminar por la cuerda floja interpretativa del autor. Todavía o Eso que tú llamas amor suspendieron el tiempo en el oleaje de la primera y los círculos de la segunda. La audiencia pareció flotar por momentos en la luminosa ingravidez de De vez en cuando. Y hasta la recién editada Contigo sonó a clásico respaldado por decenas de voces.
Fue un recital breve —juraría que no llegó a la hora—, pero de una belleza fluida y constante. Un soplido de pop quebradizo que entró por los poros de la piel de quienes tuvieron la suerte de estar allí y que, con el tiempo, podrán decir que lo vieron de cerca, casi tocándolo, a un palmo de distancia. Porque algo así difícilmente volverá a pasar.