Eufórico y sudoroso concierto del grupo en una abarrotada sala Pelícano de A Coruña, en donde demostraron su condición de grupo generacional que va a más
08 feb 2025 . Actualizado a las 12:39 h.Hay grupos que están bien, hay grupos que están mal y hay grupos que están regular. Pero, además, existe otra clase de formaciones tremendamente especiales, las que quieren ser el grupo de tu vida, no uno más. Poniendo, más allá de la barrera del gusto, la certera banda sonora a los anhelos y latidos de miles de personas y convirtiéndose en algo por lo que perder la cabeza. Lo que se pudo ver el pasado viernes en el estreno en Galicia de la gira de Carolina Durante en la sala Pelícano de A Coruña (la más grande de la ciudad que se quedó pequeña) apunta claramente a eso.
Ahí, en el fragor de su música —directa en la voz, afilada en las guitarras y contundente en la sección rítmica— se podía ver a cientos chavales sudorosos celebrando que son jóvenes y, por tanto, jodidos y jubilosos. Porque esas canciones que hablan de pozos negros, amores camino al baño de un bar, alianzas basadas en el odio y estallidos de euforia con la certeza de que todo se va a torcer en cualquier momento, han logrado colarse en ese punto en el que una banda se convierte en la favorita de alguien. De muchos. De una generación. ¿Se mirará en el futuro a Carolina Durante en como hoy se ve a Los Planetas y Radio Futura? Si acaso, contestamos dentro de un par de décadas.
Reforzados en los teclados con Banin (Los Planetas) y Julen Alberdi (Vulk) y con una puesta en escena que sugería una especie de módulo de Ikea de aroma noventero, de entrada Carolina Durante pudieran transmitir la sensación de grupo grande que ha dejado atrás lo que desprendían en los garitos. Además, su último disco, Elige tu propia aventura, rebajó el lado punk, en favor de algo más suave y pop. Sin embargo, en directo, la metralla sonora los devuelve a esos primeros tiempos, pero con un abanico mucho más amplio. Porque sonó de inicio Joderse la vida y empezó a hervir a borbotones la pista de Pelícano. Una olla de esas en las que el concierto se empieza en un lado y se termina en el otro, arrastrado por la masa. Donde el público hace pogos como si no hubiera mañana, reclamando con la camiseta empapada una afonía.
En la era del monopolio de la música urbana y la enésima muerte del rock, todos esos chicos demostraron sintiendo, gozando y gritando Famoso en tres calles, Tempo 2, Monstruo o La noche de los muertos vivientes que desean que la electricidad guitarrera tome forma rugiente y viva sobre el escenario. Que canciones como Joder, no sé sintonicen con su angustia posadolescente a base de ruido, mientras poco después Elige tu propia aventura musique con aire épico el vértigo de la madurez. Y que, al final, todo termine como un fuego artificial, que brilla para desvanecerse al poco rato, cantado juntos eso de «No sonamos mal /Sonamos mejor que ayer». Solo les quedaba añadir, «y peor que mañana», porque esta relación de amor y devoción claramente va a más.