Una ópera al aire libre para celebrar los diez años del festival de Marvão

Brais Suárez
brais suárez OPORTO / E. LA VOZ

CULTURA

B.S.

El certamen de música clásica despide hoy su décima edición, que ha acogido 40 eventos y reunido a casi 15.000 asistentes

28 jul 2024 . Actualizado a las 05:00 h.

Konstanze se asoma a la puerta del torreón medieval del castillo de Marvão, en Portalegre, Portugal: «Ni a la brisa puedo confiar el dolor amargo de mi alma», se lamenta mientras el viento arrastra sus palabras hacia la dehesa. A sus pies, unas quinientas personas y la orquesta de cámara de Colonia, todos apelotonados en el patio del castillo y dirigidos por el director alemán Christoph Poppen.

Según la leyenda del festival, fueron Poppen y su esposa, la soprano Juliane Banse, quienes hace 12 años se encaramaron a estas mismas ruinas y, observando la planicie del Alentejo, fronteriza con Extremadura, escucharon en sus cabezas la música de Mozart. Solo dos años después, comenzaron a representarla para un grupo de amigos y los vecinos de esta localidad de menos de mil habitantes. Desde entonces, su fantasía fue creciendo hasta alcanzar las diez ediciones. Precisamente la décima arrancó el viernes de la semana pasada, con la ópera Rapto en el serrallo, y se despedirá durante la jornada de hoy.

El escenario no podría ser más adecuado para la trama inaugural: el castillo, antiguo bastión defensivo para musulmanes primero y portugueses después, se transformó en el fuerte turco del pashá Selim, al que el príncipe español Belmonte acude para rescatar a su prometida, Konstanze. Difícilmente Mozart habría imaginado la representación con este atardecer de fondo y la atenta mirada del presidente de la República portuguesa, decenas de diplomáticos y dos águilas, que planeaban como atrapadas por la música.

En estos diez días, se han celebrado 40 eventos que han recibido casi 15.000 asistentes, actividades culturales, como talleres o visitas al patrimonio, pero, sobre todo, conciertos, con músicos de todo el mundo y en cada rincón del pueblo: iglesias, el patio y las cisternas del castillo, unas ruinas romanas…

«El festival ha pasado de percibirse como un festival de extranjeros para extranjeros a un evento creado desde aquí para el mundo», comenta el joven director del festival, Daniel Boto, oriundo del pueblo e implicado en la organización desde el inicio. A él se debe el éxito organizativo —nada fácil vistas las dificultades que implica desplazar y alojar a los músicos en la zona y orquestar toda la infraestructura en espacios más pensados para la guerra que para un concierto— y especialmente la implicación de los vecinos y la integración con las costumbres locales.

«Es de los pocos festivales de Portugal de esta magnitud sin apenas apoyos públicos. Cuesta alrededor de un millón de euros y solo un 5 % es financiación del Estado. Funcionamos gracias a la solidaridad y la amistad. Algunos aportan dinero y otros, trabajo». Se refiere a los cada vez más numerosos patrocinadores privados y a la implicación de los vecinos: «Todos, desde distintos países, trabajamos para que esto sea posible. El impacto que ahora tiene en la comunidad es increíble; la gente lo ve como algo suyo, acude a los eventos y se implica. Por ejemplo, las cocineras son las abuelas locales, que trabajan todo el día. Hay conductores, montadores, billeteros…» «Es muy bueno para el pueblo», comenta un vecino, recepcionista de un hotel. «Las cosas han cambiado mucho gracias al festival, se recuperan casas, hay trabajo y todos estamos encantados de recibir a tanta gente y alojar este evento».

De hecho, hay momentos en que la comunión es extraordinaria. «Uno de los más emotivos es la misa de domingo», comenta Boto. A las once de la mañana, la iglesia de Nossa Senhora da Estrela se llena de portugueses y extranjeros para una ceremonia en varios idiomas y el lenguaje común de la música; de nuevo, Mozart, con su misa de la Coronación, despierta lo más profundo que los asistentes llevan dentro. «La música, incluso con las bromas de Mozart, nos deja mensajes muy importantes para entender la condición humana», comenta el director y fundador, Christoph Poppen, que ya espera la edición del año que viene, «y muchas más».